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En un lugar, un baño

Alus J

En un lugar, un baño


I


Sólo nos ata un hilo de baba:
yo que sin religión me hinco
deslizo el ovillo de Ariadna en mis palmas,
un hilo rojo que estira y encoje
según la distancia del encuentro,
la longevidad de un hilo de plata
de las mil y una veces que he hecho esto:
tragar.


II


Algo nos une,
un puente que se curva,
se encaja,
transporta
una mancha que será
un epílogo distinto,
en tamaño y forma,
el temor al vacío:
una burbuja que truena como
forro de sillón viejo al saltar


III


Hasta aquí mi vida:
la comunión de los santos en los labios,
la pose de santa que reza,
la cruz lavada,
la vagina clavada,
el duro consuelo del golpe en vaivén.
Lo que nos queda es un hilo nuevo
de saliva que no se va
sino se viene.


 IV


Se ha corregido el uso de las cosas,
de portatoallas a descansabrazos
de pared a respaldo
de rostro a Caravaggio al Greco a Kandinsky.
Me conoces tan bien
que tus dedos envejecen.


V


Soy campanario de iglesia
marcando la hora,
la una, las tres, las doce,
cuerda que se tensa a golpe de badajo.


VI


Hay un canal en mí,
seco
al final de mi barbilla que asiente.
Hay un recorrido privado
otorgando urbanidad
con ello, los problemas del mundo,
roce, lluvia, temblor,
la presión como el testamento de una abeja
en el desayuno:
fluye hasta mi ombligo.


VII


Es el último piso del último edificio,
la gente calla o gime,
las rodillas me duelen,
perdí la cuenta
de las veces que mi lengua
ha pronunciado “labio” a tu alrededor.
Estoy a gusto, espero
que mi voz se ahogue
en una gota hasta el primer botón
de una blusa con flores.


VIII


Jodimos en el baño de la escuela
sobre un retrete cerrado,
mis rodillas que presienten la lluvia
soportan los azulejos,
el amor de pie,
el orgasmo que no valora
a los trabajadores de limpia: ensucio.
En el primer piso se dice que aquí espantan.

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