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Amor sin fronteras

Pedro Pozas Terrados

AMOR SIN FRONTERAS


 


            Hola, me llamo Alfonso. Tengo sesenta años. Creía que ya había vivido todas las experiencias que la vida me tenía reservada, pero parece que el destino se tornaba juguetón y que me reservaba una aventura en el mar, en el universo de la pasión.


Estoy casado desde hace ya 32 años con Maria. Hemos sido fieles el uno al otro, aunque bien es verdad que en el pensamiento y en ciertas noches donde la locura del amor se disparaba entre mis piernas y ella no tenía ganas, tocaba disfrutar en soledad. No me importaba. Siempre lo he hecho desde niño. Al menos una vez al día tenía de desfogarme y sacarme ese líquido blanco que tanto placer me daba y tan relajado me dejaba. Sobre todo en las horas de la siesta después de venir de trabajar.


Mi mujer haciendo el amor desde siempre ha sido pasiva. Se abría las piernas después de desnudarla y era yo quien tenía que realizar todos los movimientos del preludio, incluido comerme su coño, penetrar mi lengua en su clítoris y hacerla gritar de placer, con sus muslos apretando mi cabeza de forma desesperada, más preocupado en hacerla gozar que en mi erección. Cuando estaba a punto de tener el orgasmo me pedía que se la introdujera y con ansias así lo hacía, penetrándola lentamente y después con grandes empujones gritaba y gritaba, hasta el punto que muchas veces la tenía que tapar la boca por temor a que los vecinos escucharan o que nuestros hijos creyeran que la estaba haciendo de sufrir.


Me encantaba que se pusiera un tanga. La ropa interior femenina me ha excitado desde niño. Me acuerdo que antaño cuando era frecuente que la ropa se tendiera en la calle al alcance de cualquiera, uno de mis entretenimientos era hurtar braguitas y después olerlas.


María desde siempre no ha sido muy fogosa en la cama. No preparaba las situaciones especiales, ni poner música de encanto para la velada sexual o luces rojas insinuantes al estilo de un burdel. Siempre he sido yo quien ha tomado la iniciativa y sólo una vez a la semana. En mi se cumplía eso de sábado sabadete, música, juerga y casquete. El resto de los días es obvio, los videos e incluso fotografías sugerentes, hacían que mi necesidad se satisficiera en soledad, pero desde luego también con gran placer.


Otras veces me masturbaba soñando que lo hacía con dos mujeres. Yo no sabía lo que era una pasión verdadera en la cama, un preludio con movimiento, follar  de muchas maneras y posturas. Lo veía en los videos porno y me ponía a cien.


Una vez en un hotel estábamos leyendo a punto de dormir y de pronto en la habitación de al lado, que nos separaba solo unos centímetros, oímos jadear, después gritar y moverse la cama a ritmo de entra y saca. Eso me excitó y María comenzó a chuparme el pene con desesperación. Estaba mojada y muy excitada. Creo que ha sido  una de las pocas veces que la he visto activa. Me desnudó mientras escuchábamos los gritos de la habitación de al lado. Se puso de rodillas debajo de mi cabeza y apartándola el tanga a un lado, la comí el clítoris con ansiedad y comenzó a gritar. Parecíamos  un dúo  a ver quien gritaba más, si María o la desconocida del otro lado del muro. Fue sensacional. Después fue bajando, introdujo mi pene en la cueva prohibida mientras me hundía en sus hermosos pechos y le besaba sus pezones. Al poco comenzó a cabalgar mientras mis manos recorrían sus glúteos, tocaba sus pechos o le hundía un dedo en su ano que se abría acompañado de más gritos y más suspiros como jamás la había escuchado.


Yo creo que esa noche fue un antes y un después. Algo despertó en ella que la hizo abrazar a los placeres del amor, al universo de las sensaciones fantásticas y al gozo desenfrenado, dejando puertas abiertas que anteriormente se encontraban bien cerradas y abriendo otras al deseo sin límite y sin pudor. 


Esta sí que era mi chica. Nunca conocimos a la pareja que hizo el amor pared a pared nuestro, pero desde luego hicieron cambiar nuestro rumbo monótono de los sábados, por noches apasiónales más frecuentemente y jugando a muchos juegos prohibidos y excitantes, donde ella tomaba parte activa en cada encuentro amoroso. Ya no solo en la cama, sino en otros lugares sin temor a que nos vieran.


Una noche, cansados y extenuados de hacer el amor con preludios y acaricias de larga duración en la que te hacen estallar los sentimientos en mil pedazos y crees haber llegado a las alturas con las alas de Cupido y las flechas de su corazón, me dijo:


            - ¿No me has notado el cambio que he tenido con respecto a nosotros haciendo el amor? 


            - Ya lo creo, estoy sorprendido….después de tantos años en los que solo te abrías de piernas a lo que haces ahora, pareces otra persona distinta haciendo el amor…es increíble lo fantástica que eres.


Ella, me comenzó a acariciar nuevamente mi pene ya rojo de tantos empujes frecuentes, mientras que me miraba engatusándome y me ofrecía sus labios para comérselos. Tras un nuevo beso apasionado que me volvió a poner a cien al verla con esta tanguita de color rosa y ese hilo que se metía insinuante entre sus glúteos hermosos, prosiguió….. 


            - ¿Sabes? No se…..esos gritos apasionados de ella tras la pared…me lo imaginaba como si estuvieran con nosotros y eso me hizo excitarme como nunca lo había estado..


            - Pues espero que dure porque es delicioso verte con tantas ganas de follar y tomando iniciativas que jamás has tomado…me pones muchísimo.


            - Y eso me excita también como ahora…estoy mojada, toca..


Me puso mi mano en su monte de venus semi rapado y le introduje mis dedos en el interior de su vagina bajo sus braguitas. Ella cerró los ojos, echó la cabeza hacia atrás y me dejó que la masturbara, que buscara con mis dedos su punto G. Comenzó a suspirar, a jadear con fuerza…como me gustaba verla así disfrutando…le introduje tres dedos y mientras dos de ellos se paseaban de arriba abajo con ritmo, el otro buscó el clítoris y comencé suavemente a frotárselo lentamente y después con más ímpetu. Mientras, con la otra mano, le aparte el hilo de su tanga que tapaba su ano y acariciando alrededor de la roseta, poco a poco le fui introduciendo un dedo en el agujero prohibido y excitante. 


            -. ¡No pares….no pares…joder que placer…….sigue…sigue….más dentro…más dentro…..siiiiiii…….siiii………yaaaaaaa! 


            Se convulsionó todo su cuerpo con un movimiento que hacía juego con mi dedo introducido en su ano y mis tres  de la otra mano en su vagina más que mojada. Al poco chilló…y chilló…casi me revienta el tímpano mientras que sus manos hacían lo propio en mi, con una me masturbaba y con la otra también me introducía un dedo en mi ano virgen…..qué gozada….que placer…creo que al mismo tiempo que ella tuve un gran orgasmo derramando mi esperma en su mano. Después silencio…exhaustos….nos relajamos nuevamente y nos tumbamos boca arriba cogiéndonos las manos y me dijo:


            - ¿Sabes?.......quiero hacer un crucero. 


            - Pero si siempre has dicho que no te gusta estar encerrada en un barco.


            - Si..pero ahora pienso lo contrario…conoces a mucha gente, hay fiestas hasta altas horas de la noche, puedes pasearte por la cubierta románticamente mientras ves amanecer o anochecer….sería muy bonito y me apetece.


            - Yo lo que tú quieras. Sabes que me encanta la navegación y los barcos después de ti, son mi locura.


A la semana siguiente comenzamos a buscar en las agencias de viajes, las ofertas que tenían de cruceros largos o cortos. Nos gustó mucho uno que iba desde Cádiz a las Islas Canarias, de ahí cruzando el charco hasta Brasil, después México y vuelta a España por la misma vía. Si lo cogíamos fuera de los días turísticos, nos costaba mucho menos y además podíamos coger un camarote exterior con entrada por la cubierta y muy amplio. Sin dudarlo, como dos tortolitos recién casados, pagamos el viaje y nos preparamos para salir, pidiendo permiso en nuestros respectivos trabajos. Jamás habíamos estado tan ilusionados. Había que hacer muchas cosas antes de partir. El viaje duraría 25 días. Se presentaba una experiencia inolvidable.


Tres días antes de partir, fuimos a una tienda de lencería. María se compró cinco juegos de tangas muy sexis, acompañado de varios bodys a conjunto. Después estuvo mirando tangas sueltas de más talla y las compró igualmente. Me imaginé para qué era, pero no al punto en que desembocó la aventura.


Al final llegó el gran día. Volamos hasta Cádiz y desde allí embarcamos en el crucero donde nos indicaron nuestro camarote. Se encontraba en la cubierta tres, a proa y con la puerta de entrada por la misma cubierta. Cuando entramos en el camarote, nos impresionó. Era muy grande, con una cama amplia, un baño muy grande también y dos ventanas que daban al exterior y donde por supuesto se veía el mar. Nos echamos en la cama como dos niños y comenzamos hacernos cosquillas hasta el punto que acabamos desnudos, lamiéndonos cada poro de nuestro cuerpo, cada rincón, sabiendo donde con nuestras acaricias y jugueteos con la lengua, se daba más placer el uno al otro.


            - Estás buenísimo amor mío, quiero que me folles con esa gran poya que tienes, que bonita es….hummmmm….. quiero que  cabalgues a tu putita…vamos amor…toda dentro…..soy todo tuya.


            - Eres muy hermosa y estas buenísima. Vamos…ponte a cuatro patas, vas a sentir el empuje de un machote como yo…..


Sin quitarla la tanguita que me excitaba, me puse por detrás de ella, le lamí el coño que lo tenía ardiente de deseo. Se movía como una loca.


            - Vamos..a qué esperas….fóllame…fóllame….


Le aparté el hilo de la tanguita roja que llevaba puesta y sin más preludio, le introduje mi pene en su ano que se abría sin resistencia. Chillaba…como me gustaba que sintiera placer, le gustaba que  mientras realizaba mis empujes de penetración, mis manos la cogieran por la cintura y la atrajera hacia mí facilitando aún más la penetración. Sin dilación y ante sus continuos gritos, comencé los movimientos de adelante y atrás, mientras sus glúteos chocaban con mis testículos. Con la mano derecha le introduje unos dedos  en su vagina para masturbarla el clítoris. El viaje comenzaba apoteósicamente sexual.


Tras tener ella el orgasmo, enseguida me concentré a tener el mío y mi leche se desparramó por su ano caliente pocos minutos después. Exhaustos nos tumbamos en la cama.


            - Ha sido genial cariño….como me ha gustado.


            - Me alegra preciosa y me gusta que tomes iniciativas. Que seas  tú la que mandes, la que me folla a mí y no yo a ti, y eso me gusta….me gusta.


La besé de nuevo introduciendo mi lengua en su boca ardiente.


            - Ya verás lo bien que lo pasamos. Tu déjate llevar. ¿Me lo prometes? Te lo pasarás mejor aún.


            - Si, claro que sí cariño. Hare lo que me digas.


No sabía por qué me lo decía ni que me quería insinuar. Se lo iba a decir, cuando la sirena del barco retumbó fuertemente y sentimos un leve movimiento. En ese instante nos asomamos por uno de los ojos de buey y vimos que el barco se movía, partía. Comenzaba nuestro crucero. Un viaje que cambiaría mi vida, nuestra vida. Nos vestimos rápidamente, salimos a la cubierta y apoyados en la barandilla, vimos como poco a poco nos alejábamos del puerto rumbo a Brasil.


Durante unos días, mientras el crucero navegaba por el atlántico rumbo a las Américas, estuvimos conociendo el barco, las actividades que se realizaban, las fiestas nocturnas, la piscina y la sala de juegos. Fueron momentos de relax donde siempre terminábamos follando en nuestra habitación, relajados y completamente feliz.


En la mesa donde nos tocaba comer, se ponían siempre dos parejas. Juani y Arturo, una pareja de de 40 años que buscaban emociones variadas y al parecer no tenían problemas de trabajo porque no lo necesitaban y José y Arturo, una pareja gay que les encantaba viajar. Poco a poco nos hicimos muy amigos, coincidíamos en casi todos los sitios del barco.


Al cuarto día de navegación nos estábamos arreglando en el camarote para salir a cenar y María me dijo que me pusiera un tanga. Ella sacó uno de los que compró con alguna talla superior y ahora caí para qué era.


            - ¿Y eso? ¿Por qué quieres que me ponga este tanga?


            - Te gustará amor mío. Sentirte sexi, andar mientas el hilillo de la tanga se mete en tu ano…es una gozada…lo tienes que probar….


            - Que no, no seas tonta.


            - Tonto, es para mí, sabiéndolo me excitas mucho. ¿Acaso tú no te excitas siempre con mis tangas?


            - Claro que sí, pero…..


            - De peros nada. Quiero que te lo pongas.


Al final le hice caso. Me puse el tanga de color verde y amarillo y una vez vestidos salimos en dirección al comedor.


            - Que….a que te gusta….


La verdad es que mientras andaba, mi ano era continuamente estimulado por el roce de la telilla del tanga y me comenzaba a gustar el juego de María que no sabía dónde iba a llegar.


Bajamos las escaleras hasta llegar a la cubierta uno y allí entremos en el comedor. Nuestros amigos nos estaban esperando.


            - Que tardones sois…un poco más y nos comemos vuestra cena, dijo a modo de saludo José mientras tenia la mano de Alberto entre las suyas.


            - Es verdad –dijo Juani- ya hemos pedido el primer plato.


La velada continuó con risas, bromas, con experiencias de cada uno vividas en nuestras respectivas vidas. De pronto, mi mujer rompió  uno de los silencios donde se buscaba mentalmente un tema de conversación, para decir:


            - ¿De sexo como vais? ¿Qué os gusta?


Al principio nos quedamos mirándola,  pero muy pronto comenzó el diálogo sin ruborizarnos, sin pelos en la lengua, sin sentirnos cohibidos.


            - Pues a Arturo y a mi, dijo Juani, nos gustaría tener una experiencia de grupo…vamos…una orgía…ese es nuestro sueño erótico y aún no hemos tenido la oportunidad de hacerlo. Pero supongo que algún día lo haremos.


            - Si, la verdad, comentó Arturo….nos gusta probar otras experiencias que no sea siempre entre los dos. Hay que buscar juegos, otras formas de diversión donde lo pasemos bien y tengamos experiencias nuevas..


            - ¿Cómo cuales?- le interrumpió Alberto


            - Pues como follar con dos mujeres a la vez, sentir sus gemidos…


            - ¿Y con un tío no?


            - No lo sé Alberto, nunca lo he pensado.


            - ¿Y tu Alfonso? -me dijo.


            - Pues yo..la verdad es que………


            - Lleva un tanga sexi –dijo María-, se lo ha puesto hoy y está como un tren. Mi fantasía es que me follen un tío y una tía y ver a mi marido follado por dos tíos.


            - María-dije sorprendido- no sabía……..


            -Pues sería genial que viéramos todo el tanga de Alfonso


María se levantó, me hizo levantarme y cogiéndome el pantalón por la cintura, me lo bajo un poco, y les enseñó el hilillo de la tanga. Yo estaba rojo de vergüenza, pero dentro de mí me estaba excitando por lo que había dicho María y por lo que estaba haciendo. Nos sentamos nuevamente. Las conversaciones siguieron en la misma línea. José y Alberto no hacían más que mirarme con otros ojos, unos ojos de deseo, de juerga loca. Juani y Arturo confesaban sus intimidades, lo que les gustaba. Vi que a todos los hombres nos gustaban que nos besaran el ano, que nos metieran el dedo. El ambiente estaba muy caliente y María cada vez decía cosas en las que nunca la había escuchado. Cuando terminamos, Alberto dijo:


            - Pues en vista de que estamos todos excitados, que os parece si vamos a nuestro camarote que es muy grande y vemos la tanga de Alfonso.


Todos dijeron que si. Yo no decía nada, avanzaba con ellos como un autómata y María me cogió de la mano y me susurró al oído:


            -Veras como te gusta, Jose y Alberto se mueren por comerte la poya y meter la suya en tu culito….y Arturo y Juani se mueren con follarme…lo veo en sus ojos….vamos a disfrutar, déjate llevar.


A estas alturas estaba empalmado. Sentía algo de miedo, pero a su vez con ganas de probar otras situaciones amorosas. Alberto y José eran jóvenes, guapos y seguro que tendrían que tener un cuerpo precioso. Pero no sabía qué pasaría si ellos me tocaran…no sé, tenía mis dudas, pero el hilillo de mi tanga metiéndose por mi ano a cada paso, me hizo decidirme y que se cumpliera el sueño erótico de María. Si me gustaba disfrutaría y si no, con dejarlo era suficiente. Y con este pensamiento, entramos en el camarote de José y Alberto. Todos se sentaron y me dijeron que me desnudara, querían verme en tanga. Pusieron música clásica de fondo y yo comencé a desnudarme. Nunca lo había hecho ante nadie, solo ante mi mujer, pero me sentía cómodo, excitado…no…muy excitado, con el pene erecto y unas ganas de que fuera acariciado. Sin saber cómo, se olvidaron las timideces y los que estaban delante viéndome sentía que eran amigos de toda la vida. Vi como María tenía las piernas abiertas y Juani y Arturo la estaban metiendo mano en la entrepierna. Eso me excitó más. Cuando me quedé en tanga, María estaba sin la falda y sin sujetador. Juani la estaba besando el clítoris…sabía que ella tenía que estar disfrutando a tope, mientras que Arturo se bajaba los pantalones y le ofrecía su pene a la boca de María. Viendo la escena que me hacía temblar de emoción, no me percaté que José y Alberto estaban desnudos y se acercaron junto a mí.


            - Preciosa tanga Alfonso –me dijo José- ahora déjate llevar y disfruta. Te gustará.


Mientras me lo decía se colocaba detrás de mi besándome la nuca, acariciándome mi cintura y apretando su poya a mi culo, mientras que Alberto hacía lo propio por delante. Sentía sus respiraciones, sus besos húmedos, sus manos que no paraban de acariciarme, sus movimientos junto a mi cuerpo. Estaba para estallar. José lo advirtió y metiéndome la mano dentro del tanga me sacó la poya caliente a punto de estallar. Mis manos comenzaron a deslizarse por sus cuerpos desesperadamente, a tocarles sus preciosos penes erectos. Mi mujer ya estaba a cuatro patas siendo follada por detrás por Arturo mientras que ahora María se comía literalmente el clítoris de Juani.


Me llevaron al sofá. José se puso delante para que le chupara su poya, mientras Alberto me abría las nalgas y comenzaba a introducirme su lengua en mi ano. Que placer, nunca había experimentado tanto placer en tan poco tiempo. Apartó el hilillo de mi tanga…


            -¿Te gusta cariño como te como tu culo?


            - Si…que gusto…sigue…sigue….fóllame….fóllame…..


Me sorprendí a mi mismo diciendo estas palabras. Pero  la verdad es que lo estaba deseando. De vez en cuando miraba a María que estaba disfrutando y escuchaba ya sus gritos de placer.


            - Si te voy a follar precioso…ya verás que gusto


Yo seguía saboreando la poya de Alberto. La tenía grande. No tenía pelo en el pubis ni en sus testículos. Le miraba y él me sonreía de placer, mientras que José seguía comiéndome el ano, preparando el terreno para lo inevitable.


María seguía a cuatro patas siendo follada por Arturo. Estaba en tanga también, pero como a mí, se la había retirado a un lado mientras introducía su pene  en la cueva que hasta hace poco era exclusiva mía, pero que no me importaba  compartir. Juani era preciosa, rubia, ojos azules, unos pechos preciosos y unas curvas sin igual, se contorneaba ante las comidas de María, mientras ella era penetrada. Otro día tocaba cambio de pareja, pensé, mientras gozaba como un puto, con gemidos que me salían de mi boca mientras saboreaba el pene de Alberto. Al poco, sentí que José comenzaba a introducirme su poya y entraba en mis secretos. Fueron instantes que no existen palabras para describir. El que alguien se excitara mientras me follaba, era superior a mi sensibilidad y comencé a dar pequeños gritos y suspiros de placer. Sentí como su poya entraba cada vez más en mi cuerpo y como sus testículos chocaban con mis glúteos, mientras me comía un precioso pene de Alberto y veía a mi mujer gozando como una puta. Ahora Juani era quien se comía con ansiedad el clítoris de María. Pienso que fueron unos momentos donde el universo había dejado de existir, donde la Tierra había salido de su órbita y el corazón casi se salía de mi pecho.


Alberto gimió también…me gustaba que lo hiciera, lo hacía porque amaba mi cuerpo, le encantaba mi culito dislocado y se corrió dentro de mi gritando como un poseso hasta el punto que Juani, Arturo y María nos miraron para ver qué pasaba en nuestro trió varonil.


Lentamente Alberto sacó su pene de mi conducto rectal y José que parecía estallar, se apresuró a tomarme y a follarme locamente. Mis chupadas le había llegado casi al éxtasis y el desahogo lo quería hacer dentro de mí. Sentí de nuevo la introducción de su poya en mi ano, era más pequeña que la de Alberto, pero por eso mismo, al sentir menor presión, me gustaba más aún y cuando se corrió dentro de mí, yo lo hice también fuera, mientras Alberto me estaba masturbando.


Quedamos rendidos encima de la cama, mientras que mi mirada se fue a María que ya se acercaba a mí, con cara de haber disfrutado una experiencia maravillosa. Me dio un beso:


            -¿Qué tal cariño? ¿Te ha gustado que te follaran estas dos preciosidades?


            - Si mi amor y a ti, qué tal te ha ido…..


            - Genial, lo tenemos que repetir más veces. Sin vergüenzas o reparos. ¿Sabías que hay una especie de gran simio llamado Bonobos que para resolver todos los conflictos hacen el amor los unos con los otros?


            - No, no lo sabía…y también entre chico y chico ó chica y chica……


            - También, como hemos hecho ahora nosotros. Somos bonobos, no porque hayamos resulto un conflicto haciendo volar nuestros placeres sexuales, sino porque el amor y el disfrutar, debe ser universal.


            - Así es- dijo Juani- Lo hemos pasado muy bien, hemos disfrutado de los placeres y de nuestros sueños eróticos…la vida es corta, pasa muy rápido y estos momentos se hacen eternos mientras buscamos nuestros orgasmos, mientras nos divertimos amorosamente como los bonobos.


            - Bueno, la verdad es que he disfrutado mucho con algo que creía tabú por ser hombre…..pero me gusta ser bonobo y mañana para Juani y Arturo, seré sólo suyo.


Los días que quedaron de crucero, todas las noches, la pasamos los seis juntos, cada vez en un camarote e intercambiando parejas y tríos. Follarme a Juani para mi resultó ser algo fantástico, con su belleza, con sus pechos redondos, sus pezones, su pubis a medio depilar….la vía láctea se quedó pequeña ante mis ojos en comparación con su cuerpo mientras Arturo buscaba en mi interior a ese bonobo desbocado.


Al terminar la travesía volviendo a España, nos dimos cuenta que en cada uno de los puntos donde habíamos tocado, ninguno de los seis habíamos bajado a visitar los países donde tocaba puerto, porque sin duda estábamos explorando otras sensaciones humanas y placenteras, descubriendo el país que cada uno tiene en su cuerpo, sus curvas, sus montañas y valles, sus ríos y grutas profundas, sus llantos y lamentos.


Nos despedimos con profunda tristeza pero con la promesa de juntarnos de nuevo en otro lugar para continuar con las experiencias prohibidas que habíamos descubierto, que María me había ofrecido. Comprendí que el erotismo, los placeres consentidos mutuamente, la búsqueda de la pasión en sus más puros sentidos, pueden hacer de este mundo que en lugar de pensar en el odio, en la guerra, en la envidia….se pensara en el amor sin fronteras.


PEDRO POZAS TERRADOS

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