Este portal contiene material sensible exclusivamente para adultos, y por tanto al hacer clic en "ENTRAR", admite:

  • Usted debe ser adulto, entendiéndose como tal ser mayor de 18 años (o la edad legal en su lugar de residencia).
  • Usted está de acuerdo en ver material sexualmente explícito para su uso personal en su ordenador privado y no utilizar el material de Premios Bonobo con fines comerciales.
  • Usted se deberá hacer cargo de que el consumo de material e imágenes de contenido para adultos no esté prohibido ni infrinja ninguna ley en la comunidad donde usted reside, ni en su proveedor de servicios, ni desde el local desde donde accede.
  • Usted no exhibirá este material a menores o a cualquier otra persona que pueda resultar ofendida. Haga clic en ENTRAR si está de acuerdo y cumple las condiciones anteriores, o haga clic en SALIR si no quiere entrar o no cumple las condiciones anteriores
Entrar
La verdad que sentimos darte la paliza con la Cookies, a nosotros nos gustan más las bananas. Nosotros No comercializamos tus datos, pero nos obligan a darte el coñazo y anunciarte todo esto, tienes que aprobar con un click que aceptas el uso de las cookies que tenemos en nuestra web para una mejor navegación y seguridad para tí. Más información
Acepto

A concurso

Casting

Luis Manuel González Muñoz

Votos: 0

¡Las votaciones estan cerradas!

No valgo para nada.
No, en serio, es un hecho totalmente constatado. Y lo he intentado todo. He
trabajado como informático, peón de la construcción, en una cadena de
montaje, camarero, conductor, prostituta, cubito de hielo, vendedor de seguros,
operador telefónico, carnicero, cocinero, recepcionista y director de cine, pero
nada. He sido despedido en todos ellos.


Animado por unos amigos un poco cabrones, todo hay que decirlo, decidí hacer
una prueba como actor porno. Uno es alto, guapo y con, disculpen la
inmodestia, un pedazo de polla como mástil bergantín, que ya quisieran tener
la gran mayoría de los hombres. Y de las mujeres. Estas últimas, se
sobrentiende, entre las piernas.


Las oficinas de la productora eran bastante discretas. A simpe vista uno no
podía asegurar que se tratara de un lugar dedicado a la producción y venta de
vicio y perversión a gran escala. Más bien, parecía la típica oficina de venta por
correo. Mucho catálogo, algún que otro poster de mujeres semidesnudas y
algún que otro aparador con dvds y Blu-rays de las últimas novedades.


No me hicieron esperar mucho y a los pocos minutos me entrevista Carmen,
una chica muy simpática, algo entradita en carnes, pero muy elegante y jugosa.
Hablamos de cientos de cosas menos del tema en cuestión. Todo un
desperdicio, teniendo en cuenta de que, para la ocasión, me había puesto mis
mejores gallumbos, pero parece ser que esta no iba a disfrutar de mi ropa
interior, mis músculos y/o paquete.


Y tras una conversación divertida y amena, Carmen hace un par de llamadas y
salgo de la oficina con una promesa de una oportunidad bajo el brazo. Pero
antes, tenía que pasar una prueba. LA prueba...


Dos días más tarde, recibo un mensaje de Carmen citándome en una dirección.
Me ducho, me afeito y de nuevo, me pongo mis mejores calzoncillos, me depilo
los bajos y pongo rumbo a la dirección señalada.
El sitio en cuestión resultó una bonita casa de dos plantas, ideal para una
escapada los fines de semana. Me apeé de la moto, me metí en la boca dos
pastillas contra el mal aliento, inspiré profundamente y entré en la casa,
dispuesto a todo.


Me recibieron cuatro chicas muy animadas y muy bonitas, pero que no daba la
impresión de que se tratara de actrices porno. Eran más del estilo ”vecina de al
lado”. Al igual que en la oficina, no había nada en la casa que indicara que allí
si rodara material pornográfico. Y reconozco que, en parte, me sentí aliviado.
No me veo bregando con actrices profesionales en mi primera prueba.


Me siento con ellas, tomamos café y el encuentro deriva en una charla amena,
instructiva y muy reveladora. Casi ninguna se dedica activamente al porno.
Trabajaron en esto un tiempo para pagarse la carrera, master, permiso de
conducir o lo que necesitaran en ese momento y lo dejaron cuando creyeron
oportuno. Ahora solo colaboran en los castings, remunerados, eso sí.


Las hay quienes lo hacen solo por diversión y si, otras son actrices
vocacionales.
Suena un teléfono. Corrección. Suenan TODOS sus teléfonos. A la vez. Se
ponen firmes y serias. Asienten todas a la vez y se distribuyen por la casa.
Me quedo solo.
Suena mi teléfono. Un estremecimiento recorre mi espalda y acaba en la punta
de mi polla. Al otro lado, la voz más dulce que he oído en la vida me dice que el
casting ha comenzado. Cada una de las cuatro chicas está haciendo una cosa
diferente. La consigna es “fóllatelas hagan lo que hagan.” Entonces habré
superado la prueba.


Raquel, la que tengo más cerca, esta hablando por teléfono. Suponiendo que
hay cámaras ocultas grabando todas mis acciones, me acerco sensualmente
por la espalda. Le beso el cuello y espero que cuelgue y se gire y empiece el
sexo desenfrenado. Pero no ocurre nada. Raquel sigue a la suya. Vuelvo a
acercarme, introduzco una mano por su escote, pero ella sigue caminando por
el comedor, sin dejar de hablar. Algo mosqueado, la cojo por la cintura e
intento besarla, pero no se deja.


Ya estoy harto. Me estoy dirigiendo hacia la puerta cuando de nuevo suena mi
teléfono. Un mensaje. “Fóllatelas como puedas”.


Me acerco a la niña con decisión y le meto la mano por debajo de la falda. Ella
hace ademan de zafarse, pero ya le he arrancado el tanga. Me bajo los
pantalones y la penetro bruscamente. Ella sigue hablando por teléfono,
inalterable. Le quito la camisa y disfruto jugando con sus pechos. Ella sigue
hablando. No le cambia nada la voz y eso que me estoy entregando al máximo.
La tiro sobre el sofá, pero la cabrona consigue zafarse. La agarro firmemente
por la cintura y la siento encima de mí. Entonces comienza a cabalgarme
salvajemente. Va a romperme la polla a golpe de cadera, pero no deja el
teléfono. Y sigue teniendo una conversación coherente con quien quiera
que sea. Siento como mi esperma me vacía y la llena. Me dejo caer, resoplando
mientras Raquel se despide de su madre (¡!), se levanta y entra en el baño,
dejándome agotado y sudoroso.


Me tomo cinco minutos para recuperarme. No me lo puedo creer. Ha sido
agotador. Ha sido duro, pero glorioso. Nunca había sufrido y disfrutado tanto
con el sexo. Espero sinceramente que la siguiente sea mejor. Aunque la
verdad, lo que se dice cinematográfico, el polvo no lo ha sido mucho, para que
engañarnos.


Entro en la cocina y me encuentro a Olga lavando los platos. Me acerco por
detrás y la cojo por la cintura. Estoy frotando la polla contra las costuras de su
tejano y ella sigue fregando los platos. Le quito la ropa no sin cierta dificultad y
la penetro desde atrás. Le he dejado el delantal puesto y juego con sus senos
pero el frio de su indiferencia me obliga a replantear mi estrategia. Pasemos al
cunnilingus.


Me siento frente y bajo ella y oculto tras el delantal, comienza el festival. Al
principio no hay reacción, pero al poco ya no atina con los platos. Siento como
se rompen varias copas. Cierra el grifo y respira atropelladamente. Agua y
lavavajillas caen sobre mi cara, fundiéndose con sus jugos, pero no dejo de
lamer. Por fin, se zafa de mi y se sienta en mi estomago buscando mi polla con
la mano. La penetro y jugamos un rato. Por lo que he descubierto de este
juego, ellas reaccionan sumisamente a lo que yo hago, así que me deshago de
ella y la pongo boca abajo. La sodomizo. Y ella no parece disfrutarlo. Voy a
salir y ella me redirige, sin cambiar de postura hacia la cueva de los deseos. Y
así estamos hasta que ya no aguanto más y me explotan los huevos.


Exhausto, me apoyo en la nevera, la abro y busco una cerveza. Olga sale de la
cocina y se reúne con Raquel en el baño.


Vuelvo a dejarme caer en el sofá. Estoy sudado y cansado, pero quedan dos
chicas. Estoy pensando en darme una ducha para estar mas fresco para la
tercera, pero asumo que estas dos no pueden dejarme entrar.


Subo a la planta superior y entro en el baño. Me quito los calcetines, que es la
poca ropa que me queda y me meto en la ducha. Estoy totalmente enjabonado
cuando oigo que se abre la puerta. Abro los ojos, pero el “HS pro V” me entra
en los ojos, provocando que haga el baile del chimpancé mientras me cago en
la puta. Intento frotarme los ojos, pero no recuerdo que llevo en la mano el
telefonillo de la ducha y me pego un talegazo en la cara. Trastabillo y me caigo
de culo en la ducha, sentándome sobre mi testículo derecho. Reprimiendo el
grito, me levanto de un salto e intento recuperar la compostura, pero no puedo
dejar de pensar que quien este supervisando la grabación estará sin duda
partiéndose de la risa.


Me aclaro la cara y veo a Silvia sentada en la taza del lavabo. Y por lo que
puedo suponer, esta enviando una carta a los reyes magos. Enviando un
tronco rio abajo al aserradero. Quitándose un peso de encima. Vamos, que
esta cagando. Esto si que no me lo esperaba. ¿Qué se supone que tengo que
hacer ahora? Me quito el jabón de encima y me dispongo a intentar
el imposible.


Esta mirándose las uñas de los pies, mientras muerde alegremente una
piruleta. La idea, quitarle la piruleta y darle un calipo de carne. Y esa es la parte
fácil. Lo difícil es que “interactúe” con el. Y me pongo a bailar, llevando la
iniciativa, haciendo todo el movimiento, follándome su boca. Pero no funciona.
Sigue con cara de indiferencia. Y se levanta y tira de la cadena dejándome ver,
dios, un tordo feo y apestoso despidiéndose de este mundo cruel. Y sin
mirarme siquiera, entra en la ducha. Esta es la mía, me digo, y entro con ella.
Le arrebato el bote de gel de las manos y comienzo a enjabonarle la espalda.
Con mi pecho contra su espalda, le froto los senos y me entretengo un rato con
ellos. Silvia echa la cabeza hacia atrás. Le beso el cuello y sigo desplazando
mis manos hasta su coño, donde me entrego al máximo. La oigo jadear y
cogiéndola de la cintura la giro hacia mí. Y le como las tetas, y acabo con la puta boca llena de jabón. Pero no dejo que
eso me detenga. Sigo enjabonándole la espalda, con sus tetas clavándose en mi pecho. Llego hasta el culo y aquí ella se abre de piernas, cediendo
voluntariamente a mi penetración. Follar de pie nunca se me ha dado bien, y
menos con una tipa enjabonada y resbaladiza. Y resbalo más de una vez, y le
hago daño, lo sé, pero no se inmuta y sigue como una profesional. Y me
entrego a fondo. Me arrodillo y le limpio el culo, y cierro los ojos, hago de tripas
corazón y viva la coprofagia. Se lo dejo como los chorros del oro. Y después
me incorporo y le rompo el culo a golpe de polla.


Debido al agua, tardo mas en eyacular, lo que nos da tiempo para múltiples
posturas y diversos juegos acuáticos. Ha sido una experiencia magnifica, pero
no puedo quitarme el puto gusto a jabón de la boca.


Silvia sale de la ducha, se seca y baja las escaleras para reunirse con sus
amigas en el baño de la planta inferior. Me siento en el bidet. Miro a los lados y
encuentro la piruleta. Me la meto en la boca, entro en la ducha y termino de
aclararme el jabón antes de ir a por la última.


Encuentro a Emma en el dormitorio, roncando como mi tía Ángeles. ¿Cuánto
tiempo llevara esperándome? Miro el reloj. Hace casi tres horas que ha
empezado el juego. Supongo que hasta las profesionales se aburren.


Aquí no se por donde empezar. Casi me parece una violación. No puede jugar
y me parece sucio. Pero recuerdo el mensaje del teléfono. Así que, lo más
delicadamente posible, introduzco la mano entre sus piernas. Se gira
suspirando. Sigo moviendo la mano dentro de ella mientras con la otra mano
juego con sus pechos. La otra mano sigue a su rollo, sin distracciones. Emma
abre los ojos y sonríe. Se incorpora atrapando mi mano entre mis piernas y se
sienta al borde de la cama. No grito porque no queda masculino, pero pierdo
más de una lágrima por el camino. Emma se da cuenta con ademan despistado
de que mi mano esta entre sus piernas y con un infantil “uy” la libera.


Sentada, enciende un cigarrillo y me lanza el humo a la cara. Cruza los brazos
y las piernas en posición desafiante y sonríe. Y de repente lo veo todo rojo. Y
gruño. Y grito. Y le arranco el cigarro de las manos. Dejo salir al energúmeno
cavernícola que todos llevamos dentro. Estoy harto de que estas cuatro
cabronas me ninguneen. La pillo del pelo, la giro hasta que me mira a los ojos,
la levanto a pulso y la ensarto. Que se note el puto gimnasio, cojones. Y me la
follo en volandas, chocando contra todos los putos muebles de la jodida
habitación en el proceso. Reventamos la puerta del armario, tiramos el puto
espejo de la cómoda al suelo y el jurado me concede siete putos años de mala
suerte, pero me la suda. De paso voy a cargarme la puta lámpara de la mesita
de noche, por hortera. Que se joda.


Cuando me canso de llevarla a cuestas, la dejo caer sobre a cama boca abajo
y la ataco desde atrás. Y sigo empujando. Ella esta disfrutando. Yo estoy
disfrutando. Que menos, si me estoy entregando a fondo. Y sonrío. Y grito. Y
gruño. Y follamos hasta que me sangran las encías, resoplando. Sin inmutarse,
la hija puta enciende otro cigarrillo, se levanta de la cama y me deja solo.
Agotado, me quedo dormido.


Cuando despierto, estoy atado a la cama. Mis cuatro nuevas mejores amigas,
completamente desnudas, están rodeando la cama. Suena mi teléfono. Olga
descuelga el teléfono y me lo acerca al oído.


- El calentamiento no ha estado nada mal. La segunda parte de la prueba
consiste en follártelas a las cuatro, atado a la cama, evitando correrte
con ninguna. ¿Podrás hacerlo?


Y cuelga. Y me deja con cuatro amazonas sedientas de sexo. El show no ha
hecho más que empezar.


Horas más tarde, dolorido y agotado salgo de la casa. Las chicas se despiden
muy amablemente. Parece mentira que hace apenas unas horas se
comportaban como fieras diplomadas en Kama Sutra. Raquel me da su
número de teléfono. Llámame alguna vez. Para charlar y eso, me dice. Y me
besa en la mejilla.


Vuelvo a casa sin saber si he superado la prueba, pero joder, ojalá todas las
entrevistas de trabajo fueran como esta.

Leer más