Este portal contiene material sensible exclusivamente para adultos, y por tanto al hacer clic en "ENTRAR", admite:

  • Usted debe ser adulto, entendiéndose como tal ser mayor de 18 años (o la edad legal en su lugar de residencia).
  • Usted está de acuerdo en ver material sexualmente explícito para su uso personal en su ordenador privado y no utilizar el material de Premios Bonobo con fines comerciales.
  • Usted se deberá hacer cargo de que el consumo de material e imágenes de contenido para adultos no esté prohibido ni infrinja ninguna ley en la comunidad donde usted reside, ni en su proveedor de servicios, ni desde el local desde donde accede.
  • Usted no exhibirá este material a menores o a cualquier otra persona que pueda resultar ofendida. Haga clic en ENTRAR si está de acuerdo y cumple las condiciones anteriores, o haga clic en SALIR si no quiere entrar o no cumple las condiciones anteriores
Entrar
La verdad que sentimos darte la paliza con la Cookies, a nosotros nos gustan más las bananas. Nosotros No comercializamos tus datos, pero nos obligan a darte el coñazo y anunciarte todo esto, tienes que aprobar con un click que aceptas el uso de las cookies que tenemos en nuestra web para una mejor navegación y seguridad para tí. Más información
Acepto

A concurso

Soy estéril

Luis Manuel González Muñoz

Votos: 0

¡Las votaciones estan cerradas!

Soy estéril.
La mayoría de personas tiene problemas en reconocer según que cosas.
Yo no. Soy consecuente con mis actos. Se reconocer mis errores y defectos y vive
Dios que he aprendido a vivir con ellos. Pero mi mujer no. A pesar de ser la
autentica culpable de mi desgracia, no soporta la idea de no poder tener hijos.


Si, lo han oído bien. Mi esposa es la causante de mi problema, pero no le
guardo rencor. ¿Qué como ocurrió? No fue nada espectacular. Más bien el
catastrófico resultado de un calentón fuera de lugar.


Resulta que salimos de una fiesta y veníamos, porque no decirlo, alegres y
chispeantes. Mi mujer es como los Diesel, se enciende a la primera y en un
rato ya esta caliente como el asfalto a mediodía. Incapaz de reprimir el deseo y
sin esperar a llegar a casa, condujo mi mano entre sus piernas. Obvia decir
que, a uno, como a cualquier hijo de vecino, no se encuentra en pleno uso de
sus facultades. El alcohol tiene la capacidad de centrar tu atención en lo
inmediato. Y lo más inmediato era el coño de mi mujer.


Como he dicho, mi mujer se calienta muy pronto y en nada ya estaba mojada.
Hace muchos años que convivimos, y conozco su cuerpo al dedillo. Y eso es lo
que hacía yo, meterle el dedillo, que desaparecía dentro de ella con pasmosa
facilidad.


Mi mujer es de buena familia, y sabe ser agradecida. Me abrió la bragueta y
despertó mi polla con delicadeza, a base de suaves caricias. Lentamente, y
desperezándose, el miembro juguetón comenzó a responder a los agasajos
que lo habían despertado de su sueño.


De las caricias paso a los besos. Y de los besos a los lametones. Si algo tiene
mi mujer es que hace unas mamadas de antología.


Y aquí estamos. Mi mujer con aquello en la boca y yo con el dedo de señalar
en Holanda. Ella comienza a agitarse. Está a punto de correrse. Y me
emociono y me dejo llevar por el frenesí.


Y aquí es cuando se jode el invento. Nos acercamos a toda lecha a una curva
sinuosa. Intento liberar mi mano para cambiar de marcha. Pero no puedo, mi
mujer la tiene atrapada. Y no puedo tirar porque le haría daño. Tampoco puedo
cambiar con la otra, porque mi mujer esta bloqueando el cambio de marchas,
que se encuentra atrapado entre sus tetas. Así que opto por liberar la mano. Mi
mujer se resiste y cruza las piernas con fuerza. Grito y me doy cuenta de que
me ha roto la muñeca. Suelto el volante para intentar cambiar de marcha. Piso
el embrague y muevo a mi mujer a ver si con las tetas me cambia la marcha,
aunque sea a punto muerto, pero no hay cambio y me salgo del carril, eso si, a
poca velocidad, porque llevo lo que me parece una eternidad pisando el freno.
A todo esto, mi mujer no ha dejado de chupar ni un minuto. Y es cuando me
estoy corriendo, con lagrimas de agradecido placer, que nos damos una señora
leche contra el guardarraíl. Mi mujer se disloca las cervicales del impacto,
aprieta la mandíbula y destroza de una dentellada mi credencial de padre.
Ahora, intenta explicarles a tus amigos, padres y suegros como tu mujer se ha
jodido las cervicales y desencajado la mandíbula, como te has roto la muñeca
y se te has provocado una vasectomía irreversible que te ha dejado estéril sin
que se partan de la risa en tu puta cara.
Ni que decir tengo que no hemos vuelto a probar la bebida.


Pues en esas estamos. Mi mujer quiere ser madre y no puedo fecundarla. Y no
se que perra le ha entrado ahora con el tema. El tema monopoliza las
veinticuatro horas del día. Niño por las mañanas, niño por la tarde, a la hora de
la cena, desayunando, en la cama. Vamos, que he tenido que claudicar y he
aceptado formar parte de su estúpido y desesperado plan para quedarse
embarazada.


He convencido a un compañero del trabajo para que venga a casa, cene en
casa... y se folle a mi mujer. Eso si, he accedido con la condición de que yo
este presente y participativo durante todo el encuentro. Que vaya a ser cornudo
no me lo quita nadie, pero que coño, al menos estaré presente durante el acto
que dará lugar a la concepción de mi hijo. Faltaría más.


Mi mujer ha preparado una cena especial, baja en calorías, pero con mucha
proteína y no se que polleces, para estimular la libido de mi compañero. No ha
permitido que pusiera alcohol a enfriar. A pesar de que yo creo que ayudara a
calmar al interfecto una vez entremos en materia, aunque entiendo que ella no
quiere que nada de esto se destile una intoxicación etílica. Recientes y
dolorosos antecedentes le dan la razón.


Pues ya estamos cenando y hablamos de cosas triviales, hasta que ella
comienza a hacer preguntas incomodas, pero certeras. Si tiene novia, si ha
estado casado, cuando ha sido la ultima vez que ha tenido problemas y/o
sospechas de infecciones, cuando ha sido la ultima vez que ha contratado
servicios de prostitutas, etc.


Vamos, que mi amigo comienza a ponerse nervioso y veo en su cara que no
llegará a los postres. Llevo a mi mujer discretamente a la cocina para
comunicarle que sus “sutilezas” no están surtiendo efecto y que más vale
cambiar de estrategia. Asiente con la cabeza y disgustada sale al comedor
dispuesta a disculparse. Abro la nevera, buscando ni que sea una cerveza para
quitarme el mal sabor de boca que me esta produciendo el asunto, pero no hay
cervezas. Vuelvo al comedor y lo que veo todavía hoy no lo creo. La hija de
puta le esta comiendo la polla en el sofá. Será desconsiderada. Con lo bonito
que me ha quedado el tiramisú.


Pero no hay marcha atrás. Una vez entrados en materia, le prometí a mi
esposa que no haría nada. Que solo miraría. Pero eso era en teoría. ¿Qué se
supone debo hacer ahora? ¿Animarlos? ¿Vitorearle cuando eyacule dentro de
mi mujer? ¿Y lo de la mamada? Vale que había que hacerle entrar en calor,
pero no de manera tan intima, joder. Y la cosa va a peor. ¿Dónde cojones ha
aprendido este capullo a comerse un coño? Es que no hace nada bien. Me
siento como Clemente en el banquillo de la selección. Pero a los pocos minutos
ya no puedo más. Me quito la camisa al puro estilo lucha libre y sin tenerlo
planeado, mi mujer se encuentra con dos pollas en la boca. Aclarar que me
extraño que la hija puta no abriera la boca, literalmente, sobre el tema y que
aceptara de buenas a primeras la intrusión de un segundo elemento masculino
en la de comer, pero oye, en esos momentos, uno no esta para ostias y se
centra en lo que esta, que uno no va a permitir que un gilipollas sin puta idea
de follar formalice la solicitud de hijo sin la supervisión adecuada.


En esas estamos, con las pollas dentro de la boca de mi mujer. Bendito el
momento que el accidente le desencajo la mandíbula. La verdad, ver como dos
pares de huevos le golpean la cara me resulta bastante desagradable y desde
luego, no es la imagen que uno quiere conservar cuando en el futuro recuerde
la noche de la concepción de su futuro hijo, pero verla así, con la ilusión de
estar esforzándose al máximo para traer a nuestro hijo al mundo hace que se
me salten las lágrimas, así que desenfundo la polla de su boca y comienzo a
trabajarle los bajos con unos soberbios lametones.


Mi mujer suelta la polla del tipo y comienza a jadear como una loca. El otro se
centra en las tetas de mi mujer, quien no está por la labor. Esta disfrutando
como nunca. Con la mano le hago señales al otro, que ya se ha sentado en el
sofá de que le ataque por la retaguardia y accede con renovado entusiasmo.


Así estamos en lo que al otro le parece una eternidad, hasta que me doy
cuenta de que no estamos aquí por placer, sino que estamos aquí para una
causa más importante, así que le cedo el sitio y me ocupo de sus quehaceres.
Veo en la cara de mi mujer que el tipo se esfuerza, pero no da el tipo. Y por
iniciativa propia pone la polla donde tenía la lengua. Pero ella sigue con la
misma cara de decepción.


La verdad es que no me preocupa. Mejor que no disfrute, no quiero tener que
preocuparme de futuras infidelidades o de un futuro “yo soy tu padre”. Pero me
jode que no estén jodiendo bien a mi mujer. Y tomo cartas en el asunto y sin
pensarlo dos veces, me adentro en mi mujer.


Ahora somos dos los que nos la estamos follando y ella disfruta como nunca.
Jadea, grita, llora, muerde y araña como si esta fuera su primera vez. Y esta
llegando al éxtasis, al orgasmo, al puto delirio definitivo cuando nos saca las
pollas a los dos y nos la vuelve a chupar, y nos masturba y OH DIOS
BENDITO, la bañamos en una nube de leche que le cubre la cara como una de
esas mascarillas cosméticas.


Y resoplamos y ella se relame y se ríe y yo quiero besarla, pero no puedo más
que pensar:


La estúpida hija de puta se ha olvidado para qué coño ha venido este capullo.


Vamos, que despido al inútil con una palmada en la espalda y la promesa de
que lo repetiremos la semana que viene. El gilipollas se larga silbando,
celebrándolo.
Mi mujer se va a la ducha y yo me quedo solo en el comedor.
El tiramisú ha quedado de fábula.

Leer más