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A concurso

La primera vez de Alexandra

Tania Grand

No podía dejar de mirar a Josep, el novio de mi hermana. Alto, moreno y con unos profundos ojos negros, cada vez que iba en busca de ella a casa me ponía muy nerviosa.

Si bien yo era mayor que ellos como por tres años y estaba casada hace dos, con un pequeño hijo, aquel muchacho me provocaba miles de sensaciones. Su masculinidad y cuerpo tan bien formado me hacían tartamudear cada vez que cruzábamos alguna palabra. Acostumbraba a llevar unos jeans muy apretados, lo cual hacía relucir el interesante bulto de su entrepierna. Conjuntamente, sus poleras ceñidas al torso eran una delicia de mirar. Mi única defensa para disimular mi atracción fue convertirme en una pesada con él, algo que para Alexandra y Josep nunca fueron un impedimento para seguir viéndose en casa. Mi hermana era bonita. De cabellos castaños y preciosas pecas en su rostro y pecho, su cuerpo ya era el de toda una mujer, con unos senos redondos y grandes, cintura de avispa y un culo voluptuosamente respingado. Si, era muy bonita mi hermana, pero por alguna estúpida razón pensaba que a su edad yo era mejor, muy guapa, más alta y siempre rodeada de ardientes chicos, eso hasta que me embaracé y tuve que casarme a temprana edad. No podía dejar de pensar en Alexa y Josep. Más de alguna vez había sentido la culpa de haber hecho el amor con mi marido pensando en el novio de Alexa, debo reconocerlo.



Aquella tarde Alexandra lo esperaba, toda ansiosa, muy bien maquillada y con una faldita corta que dejaba a la vista sus preciosas piernas. Se supone que estarían solos, momento ideal para hacer de las suyas, como todo joven, pero yo me había quedado escondida en una habitación contigua a la de ella, enviando a mi marido con el niño a casa de mis suegros, justificando mi ausencia porque no me sentía bien. Los enamorados tendrían por lo menos dos horas para ellos solos, como nunca en casa. Y yo estaba ahí para poder observarlo todo, cada detalle, cada movimiento…


Escuché los apasionados besos y susurros, luego sus apresurados pasos al subir por las escaleras y la puerta de la habitación de Alexa que se cerraba apresuradamente con llave. Yo estaba muy excitaba de solo imaginarme lo que estos dos jóvenes podrían hacer solos en casa en aquella habitación. Mi hermana estaba a punto de pasar de chica a mujer.


Me dirigí muy lentamente al balcón que daba a su ventana. A esa hora de la tarde, con la luz del sol pegando de lleno en sus amplios vidrios, esa ventana que daba al patio de la casa tenía la particularidad de que se podía ver todo desde afuera, sin que el que estuviera adentro pudiera percatarse. Desde allí alcanzaba a mirarlos a mi antojo, medio escondida. Estaban sentados en la cama, abrazados y besándose en un exquisito jugueteo de lenguas ávidas del uno del otro. Me sentía culpable de estar espiándolos, pero era inevitable, estaba muy cachonda al saber que Alexa se entregaría a su novio por vez primera.



Era el debut sexual de mi hermana. Ella misma me lo había confesado unos días antes. No se porqué me molesté tanto con ella cuando me contó que Josep ya quería tener relaciones sexuales con ella. Que incluso casi lo habían hecho en un parque entre medio de unos matorrales, pero justo pasaron unos abuelos y apresuradamente se subieron los jeans y se fueron del lugar. Ahora entiendo que era envidia, quizás, lo que sentía por Alexandra. Le pregunté si estaba segura de él y me contestó emocionada que sí, que lo amaba, lo deseaba, y ya estaba en edad de “empezar a coger”, palabras que nos causaron mucha risa. Por lo menos pude implorarle que usara protección, era mi consuelo.


Josep tocaba como un maestro el cuerpo de Alexa. De seguro el ya tendría cierta experiencia sexual con otras chicas. Se notaba. Con su lengua acarició el borde de su oreja, bajando por el cuello hasta llegar a sus senos y devorarlos como un lobo hambriento, deteniéndose largos minutos en chupetear sus pequeños pezones. Luego le retiró la falda y las braguitas. Empecé a sentir como yo misma me humedecía, cuando Josep se terminó de sacar toda la ropa, reluciendo de su entrepierna un miembro alargado, durísimo, muy velludo y con una curvatura natural… justo como los prefiero. Era todo un adonis, un perfecto modelo de lencería masculina. Acostó a Alexa y le separó sus muslos, para que la boca de Josep empezara a escrutar la entrepierna de mi hermana, perdiéndose en su pequeño bosque afelpado. Mi hermana gemía de placer, mientras yo me excitaba cada vez más ante aquel sensacional espectáculo, y no pude evitar acariciarme con un dedo por el borde de mi gruta acalorada. Sentía que le robaba su intimidad a mi hermana al estar espiándola, pero no había vuelta atrás. Estaba demasiado caliente como para dejar de ser una maldita voyerista.


Luego el muchacho se acomodó sobre ella para hundirse hasta lo más íntimo de su cuerpo, todo esto sin preservativo, lo cual ni a mi me importó, a esas alturas. Alexandra sintió como aquel macho penetró su juvenil coño húmedo hasta el fondo. El grito de dolor inicial se fue transformando en quejidos de placer, reconociendo aquel sabor exquisito del deleite carnal. Recordé como fue mi primera vez, toda nerviosa e incómoda en aquel baño sucio y con ese rockero brusco que olía a alcohol, el cual nunca más volví a ver. Que diferencia con mi  afortunada hermana, con un novio guapísimo y que la amaba, llevándola en cada movimiento a la plenitud sexual que toda chica merece, en el lugar más cómodo el cual era su propia habitación.  Yo los veía embelezada, deleitándome de la maravillosa visión de sus cuerpos ensamblados haciendo el amor en forma rítmica, deliciosa. Ahora mis dedos se introducían furiosos en mi concavidad dilatada, tratando de igualar el placer que sentía Alexandra, lo cual era imposible. Apegándose lo más posible a la ventana, podía escuchar los embates de sus cuerpos chocando al coger y los fuertes alaridos de mi hermana desvirgada por Josep.


Continuaron saciándose uno de otro por varios minutos, hasta que Alexa gimió más largamente y fuerte, pareciendo acabar, fundiéndose en el clímax mas sublime que una mujer puede vivir, el del primer orgasmo. Luego Josep cambió de posición a mi hermana, colocándola a lo perrito para follársela más duro. Alexandra parecía una muñeca manejada a regalado gusto por su novio. Aquel semental la penetraba en forma magistral, sin detenerse y a un ritmo enloquecedor, a la vez que le besaba la espalda mientras se afirmaba de sus caderas Las grandes manos rodeaban por completo la cintura de Alexandra, hasta que Josep retiró su deliciosa virilidad de la entrepierna seguramente adolorida de mi hermana, para masturbarse entre sus redondos glúteos y acabar sobre la espalda de ella, eyaculando lo que parecían litros de un espeso néctar masculino. Pobrecito, de seguro Josep había esperado mucho para intimar con mi hermana. Aquella acción la sentí como un acto de amor, como si Josep, a pesar del ardiente momento, hubiese tratado de cuidar a Alexandra, evitando introducirle todos sus fluidos espermáticos, lo cual pudiera conllevar embarazosas consecuencias. Que lindo. 


Realmente envidié a mi hermana. Bonita sí, pero no al nivel de Josep, admiré como podía estar cogiéndose a aquel espécimen de macho que la amaba tanto. Se me pasaron muchas ideas por la cabeza en aquellos ardorosos momentos. Pensé en ofrecérmele abiertamente a él la próxima vez que fuera a casa a buscar a mi hermana, mientras ella no estaba; pensé en embriagarlos al máximo a ambos y hacer un maravilloso trío; y pensé en ir a buscar la llave maestra de la habitación para sorprenderlos en pleno acto, solo para arruinarles el momento. Pero afortunadamente, pude apagar aquel sentimiento tan poco fraterno para con Alexa, apenas acabé de estimular mi afiebrado clítoris, obteniendo una gran corrida con mis improvisados dedos, imaginándome que era yo a quien Josep se follaba en forma tan exquisita. Miré por última vez a la pareja, quien se abrazaba y besaba tiernamente recostados, tal vez juntando energías para volver a coger. !Esa era mi hermana, sacando la cara por las hembras de la familia Grand, pedazo de polvo¡, !Bravo, Alexandra !


Me retiré toda mojada, con un sentimiento extraño, mezcla de culpa y satisfacción.Esa noche prácticamente violé a mi esposo, al recordar lo que había vivido durante la tarde al espiar a mi hermana y su novio haciendo el amor. Lo devoré con ardor durante el sexo oral hasta beberme todos sus jugos, y le ofrecí mi puerta trasera para que me taladrara hasta el fondo de mi caverna. Por suerte mi hombre era excelente en la cama y me regaló múltiples y exquisitos orgasmos.


Al otro día conversamos con Alexa, quien me confesó lo de su primera vez, lo especial que había sido y que amaba a Josep hasta el cielo, sin saber que yo había sido testigo de su acto amoroso, algo que nunca le conté a ella ni a nadie.  Me mintió al decir que lo habían hecho con protección, pero que importaba, Alexandra ya era toda una mujer.


La abracé fuerte, deseándole lo mejor del mundo. Bienvenida al mundo del sexo y el amor, querida hermana mía.

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