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El Transexual

Ismael Rubio

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Al igual que cualquier hombre alguna vez, he de decir que un transex da mucho morbo, es un hecho, y el que diga que no miente. Tampoco me refiero a un tío con peluca, al estilo los años ochenta como Bibi Andersen, sino como los que rulan a día de hoy por nuestra sociedad. Muy femeninas, bien operadas, muy atractivas físicamente dando el pego, que por desgracia no es real.


Comienzo así mi historia sobre aquel Erasmus del año 2002, apenas tenía 25 años y viaje al paraíso danés de Copenhague. Un lugar maravilloso, para sin lugar a dudas relacionarse con un transexual.


En el primer fin de semana de salida de incursión nocturna, ante la novedad de todo aquello, y triunfe, vaya si triunfe. El ambiente allí era increíble, nada que ver con la movida madrileña, la bebida, el tabaco, la maría, e incluso la coca eran un cóctel mortal envuelto en un delicioso pastel, el cual nadie rechazaba.


Tras horas y horas de fiesta, de hacer amistades nocturnas y conocer muchas tías de todo tipo, mayormente de buen ver, una chica me deslumbro. Al verla me pareció un verdadero ángel de carne y hueso, rostro bello, precioso cuerpo delgado, unas tetas muy llamativas, y un precioso culo que no sé porque me llamaba mucho la atención y ganas de penetrar directamente. Se dio cuenta de que la estaba mirando, y con una mirada ardiente y provocativa se me insinuó. No tuve más remedio que acercarme a ella, casi levitando entre la multitud de personas de mi alrededor.


Al estar cerca de ella a pesar del pedo que llevaba me di cuenta de una cosa, no era una chica, sino un chico convertido a chica, vamos un transexual. Algunos detalles pequeños lo delataban, incluido por supuesto, la nuez del cuello. Pero no me echo para atrás el pensamiento, al revés, la chica era tan guapa y tan sexy vestida, que mi plan seguía siendo darle por el culo, ahora más que nunca único objetivo a elegir.


Después de un par de miradas desafiantes y sutiles, entre en conversación con ella. Me dijo su nombre y yo el mío y comenzamos a charlar. Me dijo que era de Venezuela, pero llevaba ya un tiempo trabajando aquí. Me sentía contento, pero a la vez inquieto. Quizá no tenía claro si experimentar sexualmente el tema. Le invité a un par de copas y ya borracho total, al final decidí besarla, y eso beso fue mi perdición. Un maravilloso beso con el cual, en cierto modo me desvirgue sexualmente en lo que respecta a mi primera vez con un hombre.


Acabamos en su pisito, muy íntimo y muy femenino. Comenzamos en el sofá, besándonos como salvajes, e intentando desnudarnos como podíamos. Su lencería era preciosa, suave y muy sexy, la verdad que se me puso la polla durísima como nunca. Al quitarle el sujetador me quede impresionado con esas tetas suyas, obra maestra del bisturí, durísimas como nunca las había tocado en mi vida, pezones incluidos. Su piel morenita me excitaba aún más. Me dijo que se las tocase y se las toque. Me lie a comérselas bien comidas como si no hubiera un mañana y ella comenzó a gemir y a acariciarme todo el cuerpo. Yo ya tenía la polla a punto de explotar y mi deseo era poder follarmela bien folladita. Nos levantamos del sofá y me condujo a su habitación.


En la cama, ambos calientes, me entro un poco de acojone. Yo me quite los calzoncillos quedando completamente desnudo, pero ella lo única prenda que llevaba puesta eran sus braguitas. Estaba tan cachondo que por un lado salvaje deseaba empotrarla fuera como fuera y por otro más minoritario, salir de allí corriendo. Pero decidí echarle valor, y actué. Me abalance sobre ella y de un mordisco le rompí y quite las braguitas. Mi sorpresa fue tal al descubrir, que estaba operada. No había polla, pero tampoco vagina. Solamente una aberración quirúrgica bastante desagradable desde mi punto de vista. Ver aquello no es que fuera plato de buen gusto, la verdad que me bajo un nivel de dureza de polla, seamos sinceros soy heterosexual de pura cepa y hay cosas y cosas, pero no hay mal que por bien no venga y sinceramente, podría haber sido peor, que me hubiera topado con una polla más grande y dura que la mía. Pensar en este dilema me puso muy cachondo de nuevo, y me abalancé bruscamente sobre ella y se la metí directamente a pelo y de una tacada. El grito que pego fue de escándalo. Me asusté, la saque y le pedí perdón, que era un novato en esto. Indiferente, dolorida se froto el culo con la mano y me dijo que no pasaba nada, que lo entendía. Me tumbo en la cama boca arriba y me empezó a chupar la polla como no lo habían hecho ninguna tía jamás. Sentí la gloria, encima sin goma ni nada. Me hizo casi correrme al rato, y le avise, pero no me soltó la polla y le dio ritmo a la cosa con la intención de que me corriera en su boca. Lo hice y sentí el cielo.


Tras correrme plácidamente en una de las mejores mamadas de mi vida, incomprensiblemente aun con la polla dura como si un actor porno lleno de viagra se tratase, la puse de espaldas a cuatro patas y visione ese perfecto culo al cual le tenía ganas. Ella con una mirada sexy me incito, y se la clave a pelo enterita, hasta los mismísimos huevos. Dios que placer. Me la comencé a follar llena de placer, haciéndole chillar gritos de mujer, menos mal, como jamás había escuchado. Me corrí de nuevo y acabamos tumbándonos en la cama, descansando y yo perdí el conocimiento hasta el día siguiente.


Al despertar, y ver semejante ángel a mi lado durmiendo me excite y volvimos a repetir. Digamos que me había quedado enamorado de ese culo. Y solo deseaba penetrarlo y llenarlo de leche calentita. Es lo que hice un par de veces más. Maravilloso recuerdo.


La historia acabo así, yo me fui de su casa y jamás volví a verla, y por supuesto jamás se lo conté a nadie. Curiosamente fue y ha sido uno de los mejores polvos de mi vida, pero todo queda como un grato recuerdo y experiencia nueva sexual. No soy gay, ni he vuelto a repetirlo. Sigo adorando a las mujeres y esta experiencia no cambió en nada mi percepción hacía ellas.


Actualmente estoy casado y tengo a mis dos hijos, y adoro a mi familia.


 


 

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