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A concurso

Hot viene de hotel

María Magdalena Cotun

No juzgues. Intenta no juzgar su comportamiento o sus decisiones. Quien esté libre de culpa que tire la primera piedra... Así que tenemos que asumir que el ser humano nunca va a dejar de pecar y/o sorprender... Sorprender es la especialidad de Gloria. Va a compartir contigo su sorprendente vida, y algún que otro secreto de ésta. Así que tú sabrás qué hacer con todo esto...
Si has decidido seguir averiguando más, te pido que trates todo con mucho cariño...Que la trates con mucho cariño a...Gloria:
Pelirroja hasta donde te llegue la imaginación, color fuego pero ojos color ceniza, nariz pronunciada pero labios delicados. Cuerpo delgado pero con curvas, pechos pequeños pero firmes. Alta pero sin destacar. Educada pero rebelde. Rebelde pero inteligente.


Primero conocerás a la seductora Gloria, después, a la inolvidable Hoty...


                          GLORIA


Nací en un pueblito encantador en la provincia de Castilla la Mancha. Mis padres: Lydia y José siempre han vivido en el pueblo, donde se conocieron y se casaron. Desde siempre han trabajado en viñedos, hasta que fundaron su propia bodega. Fui una niña feliz, nunca me ha faltado de nada, excepto más atención y una hermanita, a lo mejor. Me educaron conforme la sociedad: crecer, estudiar, trabajar, casarme, tener hijos y morir, a ser posible en el pueblo y con las bodegas a mi cargo. Fin. Pues siento haberles decepcionado. Lo único que siempre he deseado es salir de esa cárcel, que ellos llaman pueblo. He crecido con un carácter despierto, y nunca me ha gustado la gente dormida, la asociaba; a estar resignado. Yo quería soñar pero despierta, soñar
a lo grande, quería llegar a ser alguien grande. Influenciar y no dejarme influenciada. Modelar pero no ser modelada. Quería ser modelo. Pero para eso, tenía que irme a la ciudad, con edad
y con recursos. Hubiera sido una niña buena y obediente, tal como mis padres han querido, de no ser por mi complejo de Edipo, pero hacia el padre. A los quince, sufrí el primer síntoma. Una tarde, volviendo a casa después del instituto, fui directa a la cocina a beber agua, y me encontré a mi padre de espalda con los pantalones bajados, embistiendo a mi madre por detrás de la encimera. Recuerdo que lo primero que sentí no fue vergüenza o asco, sino fueron celos. Estaba celosa de mi madre. Yo era la niña de papá, era la mujer de su vida, hasta que me di cuenta que no era así. Pero cuánto más consciente de no serlo, más me encaprichaba por ello. ¿Capricho u obsesión? No tardé en descubrirlo, cuando me masturbé por primera vez pensando en él.
A los diecisiete, empecé a salir con Álex. Creo que incluso me enamoré, pero fugazmente. Llevábamos saliendo ya cinco meses, y en ese tiempo solo le he dejado que me tocara nada más que los pechos, y eso pasaba una vez al mes cuando ovulaba, llegué yo a esa conclusión. Eran esos par de días que las mujeres estamos hasta arriba de hormonas, tanto que mis amigas ya habían perdido la virginidad. Yo recién estaba aprendiendo a explorar mi cuerpo con la masturbación. Supongo que me daba miedo de que me pase como a la mayoría de ellas, los novios les juran amor eterno, consiguen acostarse y después se largan. Nunca he sido una ingenua, así que no creo que Álex fuera la excepción. Mi virginidad valía más que el supuesto amor de cualquier “puberto guaperas”. Por lo tanto, necesitaba otra motivación que la de seguir el ritmo hormonal de la juventud. Un día aburrida en casa, estaba navegando por Internet, buscando casting de modelos, cuando me llamó la atención uno en particular. Fue el gancho para decidirme perder la virginidad. El fin de semana siguiente, quedé con Álex para finalmente dejar de ser niños. Al no tener lugar, Álex se encargó de reservar una habitación en el único hotelito que había en el pueblo. No estaba cerrado de milagro; sin clientela y sin casi servicio podríamos corretear a nuestras anchas. Personalmente no tenia planeado ni en lo más mínimo hacerlo romántico o especial. Más bien de la manera menos tradicional y menos ética.
Encontré mi motivación y una oportunidad para conseguir dinero fácil: Mi valiosa virginidad a cambio de dinero. Álex ya era mayor de edad, así que pudo abrir una cuenta corriente en el banco. Resuelta lo administrativo... Me depilé cada rincón con vello, me puse mi mejor lencería, que compré en rebajas, y me aventé a cumplir el mejor plan ingeniado por una adolescente desatada. Pusimos el Smart Phone de Álex en un trípode, le dimos a grabar y Acción. Primero nos quitamos mutuamente la ropa. Él se quedó completamente desnudo y empalmado, la siguiente era yo, pero antes de que se acercará a quitarme el sujetador, me aparté. Empecé a bailar según yo “sensualmente” y así lucir mi conjunto interior. Más bien hice el ridículo, pero lentamente me quité el suje- tador y el tanga (siempre favoreciendo a cámara). A continuación hicimos intentos de preliminares sin ningún tipo de coordinación. Cuando él creyó que ya estaba lista me penetró. No lo estaba. El coito más que doloroso fue escandaloso porque por los nervios de la cámara no paré de gritar y gemir de más. Estaba tan eufórica por el vídeo, que ni me di cuenta cuando Álex eyaculó medio dentro medio fuera y torpemente porque se nos olvidó el preservativo. Estábamos los dos desubicados, no sabíamos que realmente teníamos que haber sentido o qué no, aún así me quedé con buen sabor de boca. Después de recogerlo todo, vimos nuestro “estreno” y al momento lo subimos a Internet. Luego, nos fuimos cada uno a su casa a esperar la recompensa. Ese encuentro no fue el último.
 
El vídeo tuvo tantas visualizaciones, que los productores de la página web nos propusieron seguir. Me pidieron que hiciera de virgen en todos los vídeos, y cuanto más menor pareciera mejor,
y cuanto más sufriendo y escandalosa se me viera, mejor. El mundo está enfermo pensé. Pero prefería imaginar que los consumidores se quedaban detrás de una pantalla, en su casa, conteniendo la pulsión sexual a cazar menores para violarlas. De ese pensamiento me aferré el tiempo que duramos, haciendo dinero fácil a cambio de nuestra carne palpitante siempre dispuesta. Alquilamos una habitación para nuestro pequeño negocio. Nuestras escenas eran cada vez más creativas pero dentro de lo tradicional. Teníamos nuestros propios fans por la pagina web y en las redes sociales falsas que nos creamos. Algunos fans nos sugerían propuestas como hacer sexo anal, tríos o escenas homosexuales que nunca ejecutamos. Éramos dos adolescentes jugando a ser mayores sin saber nada del sexo y menos del gran negocio que hay gracias a eso.
Duramos un mes. Cuando los seguidores vieron que no realizábamos nada según sus peticiones, estos nos dejaron de seguir o simplemente encontraron otra pareja a la que depravar. No obstante, ganamos un buen sueldo en ese mes. Álex e yo, nos separamos porque ya no teníamos nada más que exprimir uno del otro. Además, las cosas en casa estaban muy tensas. Mis padres no paraban de discutir, mi padre se estaba convirtiendo en un señor machista, posesivo y agresivo con mi madre. Cada vez era más insoportable vivir con ellos, e yo era incapaz de hacer nada y mucho menos de defender a mi madre como ella lo haría por mi. Pero nunca dije que fuera buena hija, tampoco nunca he negado mi egoísmo al querer a mi padre para mi sola. No obstante...
Me quedaban ya un par de meses para cumplir los dieciocho. Durante esos dos meses la relación con mi padre se volvió frívola. Él me seguía adorando, me mimaba y me consentía todo a cambio de no reprocharle el sufrimiento y el maltrato que él le estaba causando a mi madre, y a toda la familia. Así me manipulaba; mientras yo hacia la vista gorda, él hacia con mi madre lo que quería. No le quería decepcionar para nada, pero fue inevitable.
Una noche, ya muy tarde, entró en mi habitación, se sentó en el borde de la cama muy cerca mi,
y avergonzado me preguntó. “ Dime por favor, que no te estas dedicando al porno.” Me dijo casi entre susurros: “ Un empleado de la bodega, te vio...En Internet ... Haciendo eso...” Se le quebraba la voz al hablarme. Yo no le podía mirar a la cara, y como pude le asentí con la cabeza y le dije “ Pero ya lo dejé”. Solo se me ocurrió abrazarlo porque era su niña y no podía dejar de serlo. Así que le empecé acariciar el pelo, luego las orejas, mientras metía la otra mano entre sus muslos avanzando lentamente hacia su entrepierna. Él estaba paralizado, cuando mi mano sintió su pene excitado, volvió en sí apartándome de un empujón. Salió corriendo hacia la puerta pero antes se giró y me dijo: “ No se lo voy a contar a nadie, nada... Nada. Pero no vuelvas a acercarte a mi por un tiempo”. Salió dando un portazo. No me arrepentí de lo que provoqué esa noche, de hecho lo revivía una y otra vez para aliviar mi soledad. Hacía el esfuerzo de no olvidar su mirada decep- cionada pero morbosa al preguntarme. Tampoco olvidar cuando tensó los músculos al tocarle, y sobretodo no olvidarme del calor que desprendía su entrepierna. Hacía ese trabajo mental, algunas noches solitarias. Las otras noches, cuando mi mente se cansaba de imaginar una y otra vez, entonces respondía mi cuerpo colándose en la habitación de José, donde ya no dormía acompa- ñado de su esposa. Le admiraba dormido, como cuando vas al museo de arte y aprecias durante horas esa escultura griega que te atrapó. Me embelesaba su cabello color madera, su mandíbula fuerte y pronunciada o me aturdía su vello gris del pecho. A veces dormía desnudo, entonces más me atormentaba porque sentía el impulso de desnudarme, acostarme junto a él y sentir piel con piel. Pero desechaba la idea camino a mi cama. Siguiendo este hábito, viví así las últimas semanas antes de mi cumpleaños. En cuanto a la rutina de la casa, José me esquivaba siempre que podía. Estaba segura que esta ausencia era por la vergüenza que sentía de si mismo al caer lascivo a mis caricias. Si nos volveríamos a encontrar no sabría como tratarme ya. A consecuencia, cesaron las peleas entre el matrimonio. Los habitantes de la casa junto con ella, pasábamos los días en un silencio sepulcral. Nunca me acostumbré a ese silencio. Incluso, echaba de menos las peleas y los portazos, los llantos desgarradores de mi madre y los puñetazos en la pared de mi padre, eso cuando no eran puñetazos en la cara de mi madre. Me dolía tener esos pensamientos y esas nostalgias terribles, era consciente, pero a la vez no podía evitarlo.
Volvió haber vida en la casa. Esa mañana de 20 de marzo, mi decimoctavo cumpleaños, José me despertó con un ramo de rosas cantándome feliz cumpleaños. Me sorprendió tanto que empecé a llorar. No sé si porqué mi papá volvió o porqué yo ya no volvería. Lo tendría que dejar solo dentro de un matrimonio que no quería estar y con una vida que no quería tener. Pero ya tenía mi peaje para huir del entorno que me envenenaba la razón. Mis padres hicieron las paces solo para comer los tres juntos, ceremonia que en meses ya no practicábamos. Egoístamente me encantó volver a tener a mis padres prestándome su atención y cariño, sabiendo que nunca luché por mantenerlo. Por un momento retornamos a ser familia, pero ese momento más bien parecía un sueño que una realidad. Como todo sueño efímero: Te regala un pedacito de felicidad para luego arrebatártela... Al día siguiente, todo volvió a su ritmo habitual. Antes de partir rumbo a Madrid, me acerqué a mi mamá. Me sentía como una extraña frente a mi propia madre, como si Gloria volvía de un viaje largo y se reencontraba con su mamá después de mucho tiempo.


Me quedé viendo su rostro en silencio y solo recuerdo pensar en lo envejecida que estaba. Su mirada transmitía un vacío inexplicable, y su expresión estaba congelada en una tristeza eterna. Lydia estaba dentro de un cuerpo de mujer sin alma. Intenté volver a calentar su corazón, de animarla a volver a sentir, pero lo conseguiría divorciada. Recuerdo extrañarme al pensar en ella y no en mi misma. Lydia no podía seguir permitiendo estos maltratos; los golpes y las malas palabras sin razón. Nunca entenderé esa otra personalidad salvaje de José, intuía que yo tenía algo que ver, al parecerme demasiado a mi madre. José por momentos no parecía la misma persona; conmigo era Dios y con mi madre era el Diablo. No la pude rescatar a tiempo del Diablo, pero al menos la convencí escapar de él. También yo escapé de él, me marché dejando amontonado mucho dolor causado, lascivia, incesto, confusión y soledad.
Con mis ahorros alquilé una habitación en el barrio de Argüelles. Una vez instalada en mi pequeño apartamento, encontré trabajo como recepcionista en una clínica dental propiedad de un amigo de mi padre. Estuve muy bien los primeros cuatro meses, horario flexible y más de ochocientos euros al mes. Pablo, el amigo de mi padre, un señor de unos cuarenta años, simpático pero torpe en el trabajo. Nos tratábamos bien, demasiado bien para mi gusto. Cada vez estaba más pendiente de mi y se tomaba muchas confianzas al tratarme. Siempre que podía me recordaba quien era yo y porque estaba allí. Cada vez le hacia menos caso, rezaba que fuera temporal, mientras encontraba alguna agencia de modelos donde meter la cabeza. Tardé más de lo que planee, tanto que mi jefe estaba a punto de sobrepasar la línea de la confianza al acoso. No tardó mucho en cruzarla.
Una tarde al final de la jornada me pidió quedarme y ayudarle con el ordenador. Accedí de mala gana, porque suponía quedarnos solos en la clínica. Mientras le enseñaba una operación en
la pantalla, Pablo no paraba de observarme, se acercaba cada vez más hasta que era imposible evitar el contacto. De repente noté su mano recorriendo mi espalda por debajo de la blusa, con la repulsión que me dio su tacto me levanté de un golpe tirando la silla detrás de mi. Pablo sorprendido me empezó a reclamar, qué cuándo pensaba yo pagarle el favor por tener trabajo. Empezamos a discutir y sin verlo venir me dio una fuerte bofetada que me tiró de golpe al suelo. Aprovechó el momento y me cogió de la coleta alzándome la cabeza para obligarme a meter su asqueroso pene en mi boca. No me soltaba la coleta, la tenia agarrada con tanta rabia que pensaba que me iba arrancar el cabello de cuajo. Con su mano en mi cabello, me guiaba los movimientos de la cabeza, imposible evitar la felación. Solo puedo recordar el olor a rancio y las nauseas cada vez más intensas. De repente, no sé de dónde saqué la valentía pero le mordí todo lo fuerte que mis dientes pudieron. Al segundo, oí un fuerte chillido saliendo de su garganta y aproveché para salir huyendo hacia la salida. Corrí con las piernas temblando, pero conseguí parar un taxi, suerte que tenia dinero suelto en el vaquero y fuerzas para llegar a casa.
Cuatro días necesité para recomponerme. Al quinto día, por la noche salí dirección clínica.
Con las llaves que todavía conservaba, le dejé una caja con dos ratones gigantes: Una hembra y un macho, para que se reprodujeran. Después de esperar tres semanas para la ampliación de la familia rata, le pegué una nota en la puerta de la cínica: “¡Que te la chupen todas las ratas que tendrás de compañía! Aunque no se lo merecen porque esas ratas tienen más corazón que tú. Intenta tratarlas mejor. Con mucho odio, Gloria”... Me hubiera encantado ver como habrán dejado mis ”amigas“ patas arriba la clínica, pero me conformé con que ese desgraciado captara el mensaje. Mi siguiente enfoque fue odiar a mi padre, por tener esa clase de amigo. Lo llamé y le conté. Conté lo humillada que fui, lo desprotegida y lo pequeña que me sentí. Pero de su “consuelo” me quedó marcada su más cruel y gélida respuesta: “Esto te pasa por ser una puta que te vendes por Internet y que seguro lo habrás provocado, como me provocaste a mi esa noche”. Me quedé petrificada y solo pude colgar. José acabó por hundirme en la inseguridad. Sentí mucha soledad, demasiada. No tenía a nadie que yo le preocupara, nadie que me quiera de verdad, nadie a quien confiar mis desgracias o mis temores. Maldije mi existencia, pero no mi belleza ni mi juventud. Hasta encontrar alguien que me quiera, habrán quien me desee, pensé. Tenía dieciocho años, era hermosa y era libre. Ser modelo era complicado, así que tuve que idear un plan ingenioso de los míos. Para que alguien del mundo apostara por mi, donde levantabas una piedra y salían chicas guapas y jóvenes a montones. Tenía que destacar, y lo que te hace destacar, no es el número de tu sujetador sino el número de seguidores en las redes sociales. Pero no tenía tiempo para hacer- me influencer porque tenía que seguir pagando un alquiler inhumano. Así que tenía una alternativa que estaba barajando, no era lo que realmente quería, pero era la vía más rápida.
Un mes antes, encontré un anuncio en una página de empleos para televisión. No era nada relacionado con la televisión, pero parecido. Básicamente, seria volver a vender mi sexo por Internet. Actualmente el ciberporno es el más consumido en Internet, más que Twitter, Instagram o Amazon. Sé que no era un trabajo éticamente correcto pero era mi manera y la de muchas chicas de tener el dinero para comprar la libertad. En mi caso era más para mendigar, sino amor, al menos deseo. Sentir que las personas me desean y no dejarme estar sola, aunque sea con dinero por el medio. Miles de ojos iban a estar conmigo y miles me iban a querer.


HOTY


Un sofocante día de julio, a las diez de la mañana, me esperó un coche lujoso que me llevó a la entrevista con la productora. Dos hombres de unos treinta años me esperaban en sus sillones de cuero caro. La reunión fue breve, no me tuve que desnudar ni nada de lo que se solía pedir.
Les noté embobados con mi cabello largo y rojo, así como de la piel blanca de mis pechos pequeños y mi vientre que se intuía debajo de la blusa transparente. Cuando volvieron en sí, me explicaron que actualmente en las búsquedas de porno en Internet, suele gustar “teen” adolescente en inglés, así que yo era perfecta. Cada semana me enviarían una media de 3 a 5 escenas, las cuáles cobraría una media de 500 euros por escena y la comodidad de tener un chófer que me llevaría a las localizaciones y de vuelta a casa. Cuando salí del despacho, sin querer escuché a mis espaldas comentar a uno de ellos: “Cada día una chica cumple dieciocho años, y cada día una chica quiere dedicarse al porno, así que nunca nos va a faltar el trabajo y menos el dinero.” No quise escuchar más. Al tercer día empecé a trabajar. Mi primera escena fue en un hotel de lujo, con vistas al Paseo de la Castellana. Nos pasamos rápido a la acción. Con casi nada de texto, tenía que fingir que me colaba en la habitación sin querer, a continuación me desnudé al ritmo de una música sonando de fondo, luego me posicioné en cuadrupedia mirando hacia los enormes ventanales, mientras mi compañero actor me penetraba estando él detrás. Curiosamente estaba disfrutando del sexo y a la vez del atardecer sobre Madrid. Me sentía poderosa a pesar de estar al merced de un desconocido que me disfrutaba como quería. Poderosa, porque tenía el mundo
a mis pies, soñando que me aclamaba. Después del último embestimiento, el hombre eyaculó dentro de mi, con mi consentimiento, porque se pagaba más. Entonces salí de mi ensoñación y volví a estar presente en esa habitación de hotel, con un equipo de rodaje, delante de una cámara y desnuda con el semen de un desconocido escurriéndose por mis muslos. Antes de incorporarnos, el actor, fuera de guión, me dijo en la oreja: “ Tu pelo color rojo fuego se camuflaba con el rojo del atardecer, estabas muy hot. Que lo sepas.” Lo que él no sabia era que sus poéticas palabras quedaron registradas en el vídeo. Ese vídeo fue mi “debut” como actriz porno amateur, así lo llaman actualmente. Tubo tantas visualizaciones y comentarios que los seguidores me llamaban La Hot, y acabaron llamándome; Hoty.
Hoty con “h”, y con cierto acento en inglés. Bueno, los españoles me llaman La Joty. Hoty de hot, palabra en inglés con más de un significado. El que más se me ha aplicado es la de estar buena, cachonda, atractiva y más sinónimos que se te ocurra. También significa caliente, como lo es el fuego y lo que provoca, osea lo que me representa. Así como mi cabello, mis cejas, mi vello púbico color rojizo, los cuales siempre han provocado debilidad en los demás...
Durante los siguientes seis meses, los trabajos no fueron tan divertidos. Me ha tocado adaptarme a la demanda del público, he hecho de todo, cosas que ni sabia que existían. Pero muchas de esas veces, no te lo dicen hasta minutos antes del “Acción”. En esos momentos son los que las chicas nos sentíamos más vulnerables y desprotegidas, porque no podíamos echarnos atrás. Una de estas veces fue extremadamente cruel. No sabia que era el “abuso facial”, hasta encontrarme delante de un tipo cualquiera, sosteniendo la cámara mientras me insultaba, me daba golpes con su pene y forzándome a la felación hasta vomitar. Pero hasta llegar a ese extremo de lo asqueroso y lo inhumano, pasas por unas fases: De la actuación, osea obligarte a responder cosas como “ Te gusta esto puta, te gusta chuparla... Eres una guarra etc.” Responder que sí, sin rechistar y fingir que no te importa. Luego pasas a una siguiente y mayor humillación, donde el personaje Hoty desaparece y aparece la persona, Gloria, la mujer que está detrás:
“Gloria se está viendo en una situación degradante donde no quiere estar, donde no se siente libre de actuar porque un desgraciado no para de meterle su insignificante pene en lo más profundo de su garganta. A Gloria solo le queda llorar y vomitar, porqué solo así la dejarían en paz.
La dejarían volver a ser persona”. queda llorar y vomitar, porqué solo así la dejarían en paz. La dejarían volver a ser persona”.
Reflexionando la situación, el que más pena me daba de todo esto, era la gran demanda que había y hay de estos tipos de abusos y de la increíble violencia contra la mujer. Nada más y nada menos que un 40% de violencia contra la mujer en el ciberporno. Después de esa segunda escena degradante que viví, la cuál un segundo hombre me humilló y me volvió a quitar mi dignidad y mi libertad de elección. Lo cuál, fue el desencadenante que me hizo dejar el porno y dejar a Hoty. Demasiado tiempo duré en la industria, porque la mayoría de las nuevas aguantan máximo tres meses. Yo aguanté más de cinco, supongo que no tenía a nadie a quien defraudar o por alguien por quien dejar. Lo que sí tenía fue la posibilidad de llegar a ser una estrella del porno, claro pero no por encima de todo. Fue un trabajo que en realidad no me disgustaba, porque yo era libre de elegir qué quería hacer y qué no. Tampoco no me sentía una puta, aunque cobrara por ello, para mi solamente fue una experiencia. Pero una vez que me quitaron esa libertad, ya no lo consideré un trabajo sino una explotación y un abuso hacia la mujer que soy. Después, masoquísticamente, volvía a mirar atrás y veía lo conseguido: fama, seguidores, dinero y todas las personas, hombres y mujeres que he conseguido que me deseen, aunque sea solo estando desnuda.


Así como deseaban mi goce, mis gemidos, mis orgasmos no siempre fingidos, o mis gritos de placer o de dolor. Con todas las personas que he compartido mi cuerpo, o con las que indirecta- mente, el público, todos ellos me han dado una migaja de amor y otra de atención. Así como yo los he proporcionado migaja de instantáneo placer y otra de desconexión. Al menos así lo sentía, aunque era consciente que para la industria era una chica más del millón. Que no importamos quien realmente somos, porque nuestro rol en este juego es hacer disfrutar al hombre, complacerlo y mantenerlo en una eterna posición de superioridad. Si la mujeres seríamos más respetadas en la industria machista que nos provoca tanta inseguridad,o la presión social que nos provoca sentir vergüenza. En mi caso, luché para no acabar sintiéndome así y cerré esta etapa que nunca esconderé porque Hoty siempre quedará registrada en ese mar inmenso llamado Internet.
El 20 de marzo, fue mi decimonoveno cumpleaños y uno cumplido en Madrid. Durante este tiempo mantuve contacto solo con mi madre, y le decía que todo iba bien en la clínica dental, pero solo de mentirle sentía nauseas. Volví a casa en Navidades. Las pasé con mi madre, una nueva mujer divorciada y feliz. Ella se quedó con las bodegas y poco a poco aprendió a vivir solo para ella. En cuanto a mi padre, no le he vuelto a hablar ni ver. No le tenía rencor, lo contrario; le echaba mucho de menos, tanto que en este tiempo en la casa, mi habitación invocaba su fantasma cada noche. El fantasma se acostaba en mi cama, fantaseaba conmigo al meterse entre mis muslos, encenderme y a continuación haciéndome humedecer para luego quemarme los dedos. Me llevaba al éxtasis para luego desaparecer. Dos meses y viente días más tarde, ya en Madrid, el fantasma volvió para perturbar mi calma.
En la mañana de mi cumpleaños, recibí un mensaje de mi padre en el teléfono móvil. Me dice que está en Madrid y me suplica verme. No dudé al querer ir a verle, era un pendiente que tenia y
no imaginaba mejor cumpleaños que junto a él.
Me puse una blusa roja y unos pantalones negros ajustados. Luego me pinté los labios de rojo,
a juego con la blusa, mi lencería y mi cabello. Horas más tarde me encaminé hacia su hotel en la Plaza de la Luna. Cuando me abrió la puerta de su habitación, volví a ver ese fantasma de nuevo. De hecho, parecía realmente un fantasma; muy delgado, con la piel translúcida y con ojeras remarcadas. Pero seguía estando igual de atractivo. Decía que el divorcio le sentó bien. Hablamos durante horas tumbados en la cama, y bebiendo cerveza. Estábamos muy a gusto el uno con el otro, como si no hubiera pasado la ausencia por nosotros. Tras tanto alcohol se fue al baño. Cuando volvió, se tumbó detrás de mi abrazándome con fuerza. Me invadió el olor a su perfume, que me erizó el vello. De repente me susurró al oído: “ Me he estado viendo todos tus...Trabajos, durante todo este tiempo. He visto cada escena que hacías, una y otra vez. Me he obsesionado contigo, con Hoty. Confieso que me he masturbado viéndote. No me odies por ello, porque tu has generado esto en mi. Desde esa noche, te dejé de ver como a una hija, y Dios ya me castigó por eso”. Me quedé muy quieta. No me salía la voz. Solo sentía fuego que me quemaba la entrepierna. Mientras él, continuaba hablando “: Me han diagnosticado hace meses...Leucemia. Cariño me queda menos de cinco meses y no espero tu compasión, sino un poco de amor. Desearía un poco del amor de Hoty, que sé que está aquí y lo desea también”... Todavía de espaldas, las lágrimas me recorrían por las mejillas. Intentando aguantarme los sollozos moví la mano temblorosa hacia dentro de su pantalón. Sentí su pene erecto y le empecé a masturbar, mientras su mano se deslizaba hacia mi vagina tan húmeda y tan receptora. Todos mis sentidos se enfocaron en las caricias de sus dedos, recorriendo mis labios inferiores palpitantes, provocando en mí un placer inexplicable, que nunca antes experimenté, comparado al estar bajo los efectos de la cocaína. Tal como subió el éxtasis, bajó acto seguido cuando mi moral se volvió clara y me impulsó a quitar su dedos eufóricos e incontrolables dentro de mi. Oí su queja, pero le recompensé volviendo a frotar arriba y abajo su pene en mi mano y de nuevo volví a oír sus jadeos. Frenéticamente le masturbaba, cada vez más intenso, mientras yo disfrutaba escuchándolo rugir cada vez más fuerte, hasta que sacó el animal de sus entrañas. Rugió tan fuerte al eyacular que los dos llegamos al férvido orgasmo. Por un momento, bajamos al infierno y nos quemamos. Volvimos a la Tierra exhaustos y envueltos en mil sensaciones. Solo se oía nuestra jadeante respiración. Estábamos sudados y sofocados de calor, pero no me impidió seguir complaciéndole. Me di la vuelta, le miré fijamente mientras me chupaba uno por uno los dedos sucios de su semen, él no podía quitarme la mirada. Luego me quité la blusa y el pantalón. Me quedé solo en sujetador y tanga, ambos de rojo intenso y tela transparente, mis pechos y mi sexo se apreciaban claramente, casi sin dejar nada a la imaginación. Me tumbé boca arriba y esperé sus caricias. Sentía su mirada lasciva clavada en mi cuerpo. Me recorrió con los ojos: Primero mis labios,luego el cuello, bajando hacia los pezones afilados marcados a través del sujetador, luego su mirada bajó por mi vientre hasta el Monte de Venus y terminó enfocando en las manchas húmedas del tanga. Súbitamente sentí sus dedos acariciándome por encima del tejido, cada vez más y más empapado bajo su tacto. Luego sus dedos descaradamente apartó la tela que le impedía que sus dedos entraran en mi vagina deseada ser explorada. Dedo por dedo pasó por mi interior, entrando y saliendo frenéticamente, hasta que no pude soportar más el placer, me evadí y volé. Me evadí tanto que de repente solo podía oír llamar mi nombre como un zumbido de fondo... “Gloria, Gloriaaaa... ¿Gloria estás bien? “
 
Bruscamente, Gloria despertó en la realidad. Osea enfrente de su padre plantado en la puerta de la habitación de su hotel. Su padre al ver que no llegaba, la llamó, y el sonido de la llamada atravesó la puerta. José abrió y vio a su hija completamente ida, aguantándose del marco de la puerta para no caer, un único punto de unión entre el cielo y la tierra, porque su fantasía traspasó el tiempo y el espacio.
La hizo pasar a la habitación, pero no salió de la misma manera que Gloria hubiera fantaseado. José tampoco salió excitado de la habitación de Gloria, esa noche en la casa del pueblo, como ella lo ha fantaseado. Tampoco nunca le confesó su enfermedad como ella lo ha fantaseado, lo sabía desde las Navidades por su mamá. Tampoco nunca la esquivó por vergüenza, sino por decepción. Tampoco nunca él se vio ningún vídeo sexual de Hoty, como ella lo fantaseó; no obstante si sabía del trabajo porno. Tampoco nunca le contestó así de feo por teléfono cuando le contó el abuso sexual de Pablo, todo lo contrario, le denunció. Mucho menos nunca la deseó como ella lo fantaseó.
Volviendo hacia casa del hotel, Gloria intentaba buscar en sus recuerdos y en sus retorcidos sentimientos, el origen de esta obsesión con su padre. Buscaba en su interior la fractura de la delgada línea que separó lo parentesco de lo sexual. A lo mejor, el fuego con la que fue creada nunca quiso apagarse, sino propagarse a otros niveles. Al fuego no le era suficiente con arrasar lo terrenal o lo racional, sino que escarbó en los más bajos instintos hasta llegar al infierno. Donde todo es permitido, donde no hay juicios ni pecados, donde las mas fantasías más bizarras pueden convertirse en realidad. Donde las fantasías de Gloria han gobernado sin límite, su razón, pensamientos y decisiones. Dejándola sumisa ante los acontecimientos, sin acabar de superar la obsesión con su padre, y tampoco su muerte. En cambio él murió en paz, ignorante y ajeno al problema. Fue demasiado buen padre, que no se merecía una hija así, tampoco a una esposa así. Se puede creer que por lo inhumano que fue con su esposa, Dios le castigó con la enfermedad.
A Gloria también la castigó con el fallecimiento de su padre a causa de la enfermedad.
Tiempo después, Gloria aprendió a no ser más sumisa de sus fantasías. Se volvió a sentir “normal” según la sociedad. Nunca le gustó este término. Será por eso que nunca vio el mal en lo
que hacía o sentía. El mal que la sociedad y la moral lo determina. Porque para su perspectiva de la moral, perder la virginidad y cobrar por ello no era malo, era motivador. Vivir meses del porno no era malo, era un refugio. Desear sexualmente a su padre, no era malo, era falta de atención. Así que... Nada ni nadie puede juzgar, porque todos hemos bajado al infierno donde hemos sido gobernados por nuestros instintos, y lo peor de todo es que nos gusta. Sin dejar de volver, una y otra vez. Todos en el fondo tenemos una Hoty en el interior... Alguna más intensa que otra.
En realidad, el nombre de Hoty viene de la palabra hotel en inglés; ella tenía otra teoría, pero en su subconsciente estaba presente el origen que tanto marcó en su vida:
El hotel; es más que un simple lugar de paso, es un hogar efímero para las personas que lo usa, muchas veces desconocidas entre sí. Aún así, comparten ese lugar, esa habitación o esa misma cama. La cama, es ese otro personaje protagonista, pero sin texto. Solo observa, acoge y testimonia a las acciones de los demás personajes; que casi siempre juegan entre sí, diferentes sexos o iguales, complaciendo al otro/a o auto complacerse. Donde el atrezzo complementa la obra:
El cabecero, haciendo de amortiguador, el colchón de saco de boxeo o el cojín de mordaza o la sábana dejándose arañar contra los fuertes embestimientos. Estas escenas todos los seres hu- manos las interpretamos tarde o temprano.
Gloria fue una de las pasajeras que interpretó a sus tres mejores personajes en tres diferentes escenarios. El primero: Siendo la adolescente Gloria vendiendo su virginidad, en el único humilde hotel del pueblo. El segundo: Dio vida a Hoty, la verdadera actriz haciendo su primera escena porno en esa preciosa habitación a las alturas, con el mundo a sus pies. El tercero... Cuando dejó de ser la niña de papá a querer ser una mujer deseada por su papá. Pero donde se quedó en otra de las muchas fantasías sin cumplir, en ese hotel de la Plaza de la Luna.
Después de compartir contigo su historia, ahora puedes darte el lujo de juzgarla o no. Me encantaría pensar que no te he dejado indiferente, me atrevería decir que quizás engañado. Pero antes de eso, espero que te haya hechizado, te ha inquietado, desconectado, removido, confundido, calentado, reflexionado, ... Pero sobretodo excitado.


 


Inspirado en el documental


Hot girls wanted (2015) Jil Bauer, Ronna Gradus

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