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A la luz de la luna

Pedro Pozas Terrados

A LA LUZ DE  LA LUNA


Son las dos de la madrugada…..no puedo dormir. Tras la ventana, una luna llena me hace sentirme atraído por su resplandor, por los miles de puntitos que pintan el firmamento con luz brillante y parpadeante. Me doy la vuelta y no encuentro una posición adecuada para descansar. Mi mente me dice que tengo que dormir, pero mi cuerpo me agita y siento un ardor en  mi piel que altera mi descanso y pide que camine hacía esa noche que me espera al otro lado de los muros de mi habitación.


Como un robot me pongo la ropa. Algo me atrae hacia el exterior que sin darme cuenta parece que estoy corriendo, con ganas de salir y de comerme las sombras de la noche a la luz de las farolas.


ranaBajo las escaleras. Tiemblo. Mis pelos se erizan. ¿Qué busco? ¿Qué fuerza me lleva hacía un lugar desconocido? De pronto, todo parece sereno, con una suave brisa que me agrada. Siento paz en mi interior pero sigo caminando hacia no se sabe dónde. Abro el portal exterior tras pasar el patio de la comunidad y como si fuera las seis de la tarde, me pongo a pasear bajo los árboles y farolas que alumbran la zona peatonal colindante al edificio de mi casa.


A lo lejos escucho el croar de las ranas que cantan a la luz de la luna en su charco verde esmeralda. Me dirijo hacia allí. El rumor del agua que choca al caer en esa agua donde los bellos anfibios han decidido no dormir como yo, se acerca más y más. Me siento en un banco a escuchar sus cantos. ¿Qué dirán? Cuanto me gustaría saber el lenguaje de los animales y poder hablar con ellos, visitar su mundo. Miro hacia arriba y las estrellas se ven más fuertes y deslumbrantes que nunca. Es una armonía indescriptible, una felicidad que recorre mi cuerpo y mis sueños dormidos. ¿Qué me ocurre? ¿Por qué estoy aquí? De pronto distingo una figura humana que se ha sentado en la hierba frente al charco verde, junto a la cascada que canta el paso del silencio olvidado.


Al principio no distinguía quien pudiera ser. Lleva un pañuelo alrededor del cuello de color blanco que resalta entre las sombras oscuras de esta noche mágica. Miro con más atención y veo una silueta de mujer que también alza su mirada al astro de la noche, al señor de los murciélagos, a la belleza de nuestro universo.


ilustracion 01De nuevo me inquieto. La fuerza que sentía al principio me hace levantarme pero no para marcharme, sino para dirigirme hacia esa princesa misteriosa que sigue escuchando las canciones de ranas nostálgicas mientras que su pañuelo se mueve ante la suave brisa de la madrugada como si de una mano fuera y me indicara que me acercara. No sé cómo, pero me vi dando pasos hacia ella. Sudaba. ¿Qué estaba haciendo? ¿Y si se asusta y grita? Intento hacer ruido para que me escuche y no sorprenderla, pero no logro por increíble que parezca que note mi presencia. A un metro de ella siento un escalofrió dentro que me hace temblar como si de un niño se tratara ante algo irreal. Me paro y me siento junto a ella. Veo una de sus manos que se mueve y toca la mía. Suspiro, el calor que desprende me llena de sensaciones agradables. No me suelta. Cierro los ojos unos segundos y al abrirlos veo sus ojos, su sonrisa abierta, su belleza. Levanto mi mano y acaricio delicadamente su piel, su cara….toco sus labios y me estremezco de deseo, de amarla con fuerza, de abrazarla, tocar sus pechos y sumergirme en una pasión infinita, en un sueño para no despertar unidos los dos siempre arropados en el mar de estrellas testigos de nuestro encuentro.


Jamás había visto una chica tan bella y con esos ojos que parecían dos diamantes alumbrando las sombras nocturnas de mi mente. La abrazo. Ella se siente cómoda y estira su cuerpo hacía mi mientras que mi mano izquierda comienza lentamente el camino entre sus piernas buscando la pasión más desenfrenada que jamás hubiera sentido. Ella se abre. Se abre a mi corazón. Abre sus piernas entregándose con gemidos leves mientras sus labios buscan los míos y el placer envuelve nuestras miradas. Nada existe a nuestro alrededor. Solo gemidos y pasión. Siento sus manos acariciar mis glúteos mientras besos sus labios con fogosidad y el placer se desencadena en cada poro de mi cuerpo, en cada centímetros de mi piel. Beso sus pechos y avanzo despacio pero con firmeza hacía su vientre. Hay un estallido de sensaciones  que no puedo controlar. Llego por fin a su flor ardiente que se abre ante mis insistentes labios y mi lengua explora los recodos de cada milímetro de la puerta sagrada. No sé cómo……estamos los dos desnudos…el tiempo ha parado…solo estamos ella y yo en la cumbre del ardor. Los luceros son testigos mientras que una Luna nos mira y sonríe.


ilustracion 02No puedo más y la penetro en un estallido de pulsaciones que enloquecen mis sentimientos, un placer de estar unida a ella, de ser parte de su cuerpo y ella del mío, de sentir carne sobre carne, entregarnos los líquidos del goce al ritmo del amor de una noche a la luz de la Luna.


Era como cabalgar a un ritmo frenesí por llanuras llenas de colorido, por montañas hermosas junto a un cielo azul brillante, navegar por un río gozando de la delicia de unos momentos de felicidad. ¿Seguía soñando? Si era así que no terminara de golpe, que me dejara disfrutar de unas acaricias y una piel suave como el jazmín, de sentir el éxtasis rompedor de un orgasmo ensordecedor.


Y al final llegó. Ella y yo retorciéndonos con gemidos de placer, besando su cara, sus labios, sus pechos y descargando el néctar de la flor enamorada. Me estremecía, lloraba de felicidad, de un vacio placentero, de un calor jamás vivido junto a una hermosa figura que nos habíamos entregado mutuamente sin palabras, sin cortejos, sólo con la atracción de nuestra aurea que despedía amor y querer a la vez. Salí de su cueva maravillosa y posé mi cabeza entre sus muslos sintiendo suavemente el roce de sus cabellos largos sobre mi cuerpo desnudo. Ella seguía acariciando cada milímetro de mi cuerpo como nadie lo había hecho jamás. Sentía su respiración y veía sus lindos ojos azules que me miraban con ternura. Quisiera estar siempre así pero sabía que el tiempo maldito no es capaz de pararse en los momentos de felicidad, al contrario, corre más para así terminar más pronto con las alegrías. Era cruel. Mal educado, traicionero, mal amigo y desde luego rencoroso y envidioso.


ilustracion 03Sentí algunos pájaros que comenzaban a piar en sus nidos donde habían pasado la noche. Tal vez les habíamos despertado o tal vez las horas habían pasado como una estrella fugaz en el firmamento de la vida. ¿Qué se contaban?  Se dirían ¿qué tal has dormido?, ¿cómo se presenta el día?, ¿dónde vamos a volar esta mañana?, pronto saldrá el sol, mira esa parejita de allá abajo la noche que nos han dado……Cerré los ojos. La sentía en mí, en sus manos, en su respiración, en su abrazo. Ella se incorporó para darme un profundo beso mientras sus pechos rozaban una vez más con mi piel.


- Tengo que marcharme.


Tres palabras, tres bombas sin aliento que retumbaron en mi interior como una explosión de tristeza que envolvía todo mi ser y que pasaba de estar feliz en un universo aislado en el amor a otro donde la soledad corrompía mis canas ya gastadas profundizando en mis arrugas, canales de un tiempo que no pasa en balde. La miré. Su belleza era como la de un ángel apasionado. Las luces del alba comenzaban a extenderse por entre las ramas de los árboles. Aún tocaba su cuerpo desnudo, aún nos mirábamos embelesados y la luna se iba apagando como una vela fundida por el amor de dos cuerpos que habían tocado el éxtasis del amor sincero. Quería penetrarla de nuevo, sentir sus últimos suspiros antes de su marcha, deslizar mi mano por sus pechos, sus piernas, besar su sexo embriagador mientas mis manos recorrían sus glúteos y mi boca tomaba el jugo prohibido, el elixir de la felicidad sin tabúes. Y así fue, ella de nuevo se entregó y nuevos gemidos volaron por entre las hojas de los árboles callados testigos quietos de nuestros cuerpos desnudos.


¿Qué podría hacer para que estas sensaciones, estos momentos permanecieran en mí para siempre? ¿Quién era ella que tanto en tan poco me había dado? A veces el misterio de la noche te llama a la puerta y te entregas a la aventura de una canción cantada, de una pasión desenfrenada.


Cerré los ojos cuando una vez más llegué al orgasmo junto a ella. ¿Se puede ser tan feliz? Me acurruqué de nuevo entre sus brazos. Nuestros fluidos eran compartidos. Mi cabeza reposaba una vez más en su pierna desnuda sintiendo el calor y los latidos de su corazón. Pero de pronto me agito, algo pasa…no se que es….siento una ráfaga de viento que nos azota sin compasión…siento frio……me incorporo para ponerme la ropa. Cando miro hacia ella no la encuentro. ¿Dónde está? ¿Cómo se puede haber marchado con tanta rapidez? ¿Tendría frío también? Escuché ruido en la charca y al mirar vi una gran honda en la misma como si alguien hubiera tirado una piedra grande. Pero no había nadie, ella tampoco estaba. Los primeros rayos del sol alumbraban la escena y las primeras personas comenzaban a salir de los portales cercanos en dirección al trabajo, a la vida cotidiana.


Terminé de vestirme y aún pasé más de una hora esperándola en el mismo sitio, en el mismo lugar donde habíamos hecho el amor desenfrenadamente. Nada. Ella desapareció. Ningún adiós. Solo tres palabras y el lenguaje de sus ojos hermosos que llenaron mi vida a la luz de la luna.


 


PEDRO POZAS TERRADOS


Dibujos y Fotografía: Pedro Pozas



 


 

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