El bolero de Ravel

Ruth González Ousset

El bolero de Ravel


 


Estaba deseando llegar a casa para abrirme una cerveza y de paso hacerme una paja. Una paja de esas que se hacen con calma. De las que llevas 3 horas delante del ordenador y no sabes con qué genero quedarte: caseros, cornudos, bisexuales, interracial… Qué fácil era todo cuando era un chaval. Te ponías el VHS y listo, con lo que tenías. El porno era codificado o sin codificar. ¡Qué mas daba! ¿Tanta historia para hacerte una paja era realmente necesario? Se nos ha ido de las manos al igual que el footing y la ginebra con tónica. A ver quién es el valiente ahora que dice que no practica running o como se diga y no se toma luego una cerveza 0,0 isotónica, que la vi en el super de mi barrio al lado de las mías. Madre del amor hermoso, casi me da algo, se lo dije al Nano, el dueño del supermercado: ¿Quién coño puede comprar una mierda así? Pues gente que no son de fiar, los runners. En fin. Los que hacían footing pasaban más tiempo en el bar que corriendo y se dejaban de chorradas de marcas de zapatillas y corrían con las Victorias blancas de toda la vida con los calcetos con su ralla roja y azul. ¡Esos sí que eran otros tiempos! Ellos eran superhéroes no los de ahora. ¡Malditos perdedores!.


Dicen que las nuevas tecnologías son la ostia, que te ayudan en mogollón de cosas. A mí me han jodido la vida. He pasado de ser un vago en el trabajo y vivir del cuento a ir de despido en despido. Es el gran engaño de esta era.


Decidido. Hoy me apetece ver algo de jovencitos con maduritas. Me ponen las maduritas. Lo bueno de ellas es que quedas, echas un polvo, te limpian el sable y si te he visto no me acuerdo. Se van como la Cenicienta porque en casa tienen a un marido runner esperando; guapo, con buen cuerpo, con unas zapatillas molonas y que beben cerveza isotónica y que no las follan, y a un par de hijos, normalmente a la parejita, haciendo los deberes. Últimamente con todas las maduritas que he quedado tienen mellizos, se nota que la edad para quedarse preñada ha subido considerablemente y me parece fantástico que la gente procree pero no conmigo. No quiero hacer el mal a la humanidad, lo tengo claro. Serían niños vagos y pajilleros.


 Tío Gilito


Y yo sin embargo a la única persona que tengo de vez en cuando esperando en casa es al cabrón de mi casero, puto Tío Gilito. Le llamo así porque está podrido de dinero. Odio a esa gente que tiene pasta incluso antes de nacer, que hereda emporios. Me asquea su vida de mierda. Con tanto dinero para qué. Ni siquiera es capaz de contratar a una scort. Sabe Dios que el día que tenga dinero le mando a una, a una que le enganche bien y que se empiece a gastar ese dinero que tan poco le cuesta ganar en sexo. En sexo del bueno. Me imagino a mi amiga Susane, vestida de abogada, sobria, clásica, entrando por la puerta de la casa de Tío Gilito diciendo… Le traigo la recaudación de la Urbanización de los Geranios, a modo de susurro… Con voz modosita le preguntaría: ¿Qué hago con la recaudación jefe? Y a continuación se iría quitando muy lentamente la ropa. Le haría un striptease. Primero se soltaría su gran melena que la llevaría recogida en una coleta de caballo. Siempre me ha hecho mucha gracia el nombre de coleta de caballo. ¿De dónde vendría? A continuación se quitaría sus gafas sexys de azafata del 1,2,3. ¡Qué tiempos aquellos! Silvia Marsó, Victoria Abril, Kim Manning, Mayra Gómez Kemp… A mí me ponían todas. Hasta las Tacañonas. Acabo de caer de dónde viene mi afición al porno de jovencitos con maduritas, lo tenía claro desde bien pequeñito. Gafas fuera. Lentamente, muy lentamente se iría desabotonando la camisa blanca hecha a medida, deslizando su falda de tubo por ese cuerpo de escándalo. Donde estén las curvas que se quite lo demás. Otro gran engaño lo de los cuerpos esqueléticos. ¡Abrase visto! Se acercaría a tío Gilito como nunca se le han acercado en la vida y le diría… Adivina dónde tengo la recaudación… Me lo imagino babeando… por la recaudación. Creo que le pondría más los fajos de dinero que mi querida Susane.


La señora María


Y hablando de estar con mujeres… Voy a llamar a la Señora María. La Señora María es una mujer mayor que yo, entradita en carnes. La Señora María ya era madurita cuando yo de pequeño veía el 1,2,3. Casada desde los 17 años, sin hijos. Creo que nunca ha tenido una gran vida sexual dentro del matrimonio, ni fuera, por lo menos conmigo no. Se le nota sus orígenes de provincia. Viste de riguroso luto desde la muerte de su padre, hace 20 años de esto. Jamás la he visto hacer un amago de sonreír ni de querer seguir una conversación.


Me gustan muchas cosas de la Señora María, la escribo un mensaje y viene a casa. Es fácil. Vivimos en el mismo bloque de edificios. Sé que en menos de 10 minutos se planta en mi apartamento, con el maletín.


Yo me pongo una cerveza, sin isotonismos, la de toda la vida. Suena el timbre. Es ella. No me pongo nervioso porque sé a lo que viene. No hay cortejo. Esto no es una cita. Nuestra relación se basa en que ella no habla, pero me hace mucha compañía. Yo pongo la radio, bebo cerveza y charlo con ella. Sé que me escucha. Le ofrezco algo de beber y siempre me dice que está bien, que no quiere nada. La creo, no tiene por qué mentirme.


Comento en voz alta que me han vuelto a echar del curro. Creo que en el próximo trabajo voy a ver si directamente consigo meterme dentro del comité de empresa. Tengo un amigo parroquiano del bar de al lado de mi casa que vive como Dios. Un día a la semana no curra y encima me dice que no le pueden despedir. Eso es lo que yo necesito, que no me puedan despedir y por lo menos esté el tiempo necesario en una empresa para poder cobrar el paro. Eso sí que sería vida y por fin me sentiría valorado. Me da igual de qué fuese el trabajo con tal de meter la cabecita en el comité. Le pregunto a la Señora María si conoce de algún comité donde me pueda recomendar y hablar bien de mí. Ni se molesta en contestar.


Termino de desahogarme con la Señora María y me voy a la ducha. Es una norma que me puso en nuestro primer encuentro sexual, el día que alquilé esta casa, y me parece bien. Le gusta que esté limpio y eso precisamente no lo suelo estar. Una vez escuché que ducharse mucho te jodía el ph de la piel y yo soy de esos a los que les gusta cuidar al detalle su ph.


Estoy un par de minutos en la ducha y me doy cuenta de que me apetece hacerme un pajote, el haber pensado esta tarde en Susane me la ha puesto dura. Pufff. Me aguanto y salgo de la ducha. Me pongo el albornoz. Y voy al salón. Yo solo tengo una manía en esto de las relaciones sexuales, escuchar el Bolero de Ravel mientras practico sexo. He de reconocer que me pone. Y no puede ser cualquier versión. Cojo la cinta de Sir John Barbirolli y la introduzco en mi radiocasete de doble pletina. Me esperan 15 minutos de placer. Dispongo de 15 minutos para llegar al orgasmo, lo que en muchas ocasiones hace que ni se me ponga dura ni que llegue al orgasmo, pero ni a la Señora María ni a mí nos supone un problema.


La Señora María abre el maletín, saca el arnés y torposamente, como de costumbre, se lo pone. Os podéis imaginar que pocas cosas he visto en mi vida menos eróticas que las enaguas negras de la Señora María con su vestido negro de luto, no le he conocido otro y encima el arnés de correa negra con un pene de unos 14 cm de color morado. ¡Esa era mi vida sexual! A continuación el ritual del lubricante. Me encanta cuando me lo unta suavemente en la entrada del ano. Con lo que sobra me lo pone en la punta del pene, totalmente flácido. Me pongo a cuatro patas sobre el sofá. Me penetra, doy un trago a la cerveza y de fondo… El Bolero de Ravel. Violas, violonchelos, flautas, clarinetes, arpas… y una gran eyaculación se apodera de mí. Estaba fantaseando que era el mismísimo Maurice Ravel dirigiendo a una orquesta sinfónica en el Moulin Rouge.


Mientras sigue sonando la cita y me recupero de la excitación. Me enciendo un cigarro y le doy otro trago a la cerveza. Ahora es cuando me convierto en un niño y la Señora María, con muchísimas dulzura me limpia el sable, me tapa con una manta y me da un beso en la frente. Adiós querido y desaparece dando un portazo, eso lo achaco a su sordera.


¿Qué es lo que más me gusta de la Señora María? Que me da por culo, al igual que su marido, el tío Gilito, y que, por primera vez en mi vida, me siento el guapo de la relación.

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