Ciudadano Milton

Alejandro López Salgado

Siendo un adolescente virgen, desee fervientemente una vida maravillosa donde poder tener tantas mujeres como quisiera en mi cama.


Esta es una historia verídica acontecida en los últimos veinticuatro meses…


Ryanair, tierra de nadie. [Prologo]


¿Te correrás en mi cara? Pregunto ella sonriendo pícaramente, mientras no dejaba de manosear mi paquete. Durante toda mi juventud dilapidaba las quinientas pesetas semanales que mi padre me donaba, en puras revistas pornográficas. Normalmente tocaba un Penthouse, en muchas ocasiones caía un Hembras de Ediciones Zinco y cuando lograba ahorrar un poco, era la legendaria Prívate quien iluminaba mis tocamientos.


Gracias a las muchachas de Berth Milton, descubrí mi afición por las pantanosas corridas faciales, desde entonces venero las escenas porno que incluyen muchachas abnegadas que no dejan escapar una sola gota de energía masculina. Este invierno muchos años después de perder mi virginidad en la cafetería de un bar, me encontraba en un avión camino de Londres con una cazadora tapando mi regazo y una mano femenina hurgando insistentemente en el interior de mi bragueta.


Algo que hace años no hubiera osado soñar, mientras desperdiciaba los fines de semana entre vapores seminales.


Dicha petición se repitió varias veces en el avión, el autocar, el metro londinense y los pasillos del hotel. Lástima que una semana después la poseedora de tan prodigiosa mano, decidiría unilateralmente que eso de tener una relación de pareja estable no era para ella y me regalo por Navidad una bonita ruptura con lazo incluido.


Gracia, Barcelona [Introducción]


¿Espero que te guste comer almeja? Solo han pasado dos semanas desde mi patada en el culo londinense y estoy tomando vermut con una cuarentona adicta al gimnasio que me insinúa que la siguiente cita incluirá una cata de marisco bajo su esponjoso vestido de color granate. En ese mismo instante vibra mi IPhone con el mensaje de una muchacha de apenas veinte primaveras, que me apremia por unos azotes en el culo que ayer olvide darle. Una noche antes una muchacha de labios carnosos me hablaba de lo apretado que le queda el uniforme de jugar el voleibol. Dos noches antes estaba en un hotel por horas donde una madre soltera de tremendas curvas gritaba los nombres de diferentes deidades entre orgasmo y orgasmo. Tres noches antes estaba en una cafetería hablando de orgias con una chicuela de prominentes encías que no quiso repetir, dado que no le gusta salir con personas más delgadas que ella.


Cuatro noches antes estaba comiendo un bocadillo con mi exmujer.


Cinco noches antes estaba bebiendo un refresco con mi exnovia.


Seis noches antes…


Siete noches…


Ocho…


¡Tengo que parar! Necesito detener esta locura, desde mi divorcio ahora hace ahora dos años exactos, mi vida se transformó en una montaña rusa de emociones excesivamente intensas. Creo sinceramente que necesito unas vacaciones sexuales. Aunque algo en mi interior me dice que no podre estarme quieto, debo intentar darme de baja de todas esas aplicaciones que me proporcionan sexo instantáneo y centrar mis pensamientos en tener la polla guardada una buena temporada.


Hospitalet, Barcelona [Capitulo 1]


Aunque la primera cita tras mi divorcio fue con una editora de poesía que afirmaba ser adicta al sexo anal, finalmente fue una peluquera la primera muchacha en llevarme hasta su piso sin ascensor para primero decirme que jamás me corriera en su boca y minutos después señalarse la lengua pidiendo una muestra cremosa de mi pasión por ella. Luego llego la recepcionista de televisión que solo llegaba al orgasmo con los dedos, le siguió la vendedora de seguros que me mandaba mensajes en horas de trabajo diciéndome que tenía antojo de chupármela y más tarde apareció la limpiadora de pisos que me susurraba al salir del metro que sería mi puta toda la jornada.


Incluso la chica de los seguros termino derivándome hacia una compañera de oficina que, aunque no sintió ningún feeling conmigo, insistió en hacerme una mamada en el comedor de su apartamento.


Como olvidar a la administrativa que disfrutaba orinando con la puerta abierta, la cantante que me masturbaba en el Starbucks, la abogada que me recibía en su bufete cuando se marchaban sus socios o la vendedora de teléfonos que aparco su BMW para cabalgarme en plena montaña de Montjuic.


Por suerte para mis neuronas la cosa no paso de intercambiar fotos con una escritora de extrema derecha, una valenciana que trabajaba para el CNI, la mejor amiga de un tipo que me pidió un prólogo para su próxima novela, etcétera.


En total cerca de un centenar de mujeres, que en cuestión de pocas semanas tenían su número residiendo en mi agenda de teléfonos.


Finalmente, tras acostarme con una dependienta del Corte Ingles que me mandaba fotos de botellas de cerveza entre sus enormes tetas. Pude detener este frenesís sexual, al conocer a la


muchacha del pelo imposible. Con ella durante cerca de catorce meses, encadene excelentes fines de semanas con toda suerte de asfixias, azotes, tirones de pelo, juguetes, ataduras y penetraciones extremas, sobre su escritorio. Siempre con la música muy alta para no escandalizar a los vecinos, que casualmente eran sus abuelos. Pero una calurosa tarde de verano la noria del sexo decidió dar tres vueltas más desgarrando mi alma durante grumosos orgasmos.


Vall d’Hebron, Barcelona [Interludio]


Nunca suelo ligar en las ferias eróticas, no por falta de ganas todo sea dicho. Pero claro en un ambiente donde cualquiera puede cruzarse con Nacho Vidal en carne y venas, es difícil fijarse en mi delgada figura. ¡Pero este año la fortuna quiso sorprenderme! El primer plato fue una azafata latina que, contrariada ante mi desidia sobre sus curvas, decidió encapricharse de mis rizos. El segundo plato contenía una ilustradora sexual con hongos vaginales que la esclavizaban con extrema castidad. Para terminar, como postre pude conocer el dormitorio de una escritora de pechos operados que, tras cenar un poco de sushi barato, termino teniendo varios orgasmos en el más correcto de los catalanes. No está mal, para cuatro días de festival, donde trabajas más que otra cosa…


Ensanche derecho, Barcelona [Capitulo 2]


¡Me gustaría que te corrieras sobre mi coño mientras me masturbo! Aunque tardamos tres noches en acostarnos, en el momento que saco la bestia sexual que vivía en su interior, ya no hubo vuelta atrás. Era el cuerpo desnudo más bello que ningún poeta jamás podrá relatar, la manera más felina de contornearse durante mis embestidas, la tremenda necesidad de masturbarse hasta cuatro veces después de cada polvo, para terminar de vaciar toda su electricidad vaginal. Un simple roce de su mano lograba generarme una erección instantánea. Ella lo sabía y me provocaba en los transportes públicos, causando el infarto de algún anciano que otro.   Nuestros polvos se alargaban horas, casi tanto como nuestras peleas. Meses después de nuestra ruptura los vecinos deben seguir preguntándose donde comenzaba el amor y terminaba el odio. ¡Nunca vi un colchón tan empapado de sudor! ¡Nunca escuche un orgasmo tan parecido al dolor más profundo! ¡Nunca un portazo resonó tanto!


Guinardó, Barcelona [Interludio]


¿Te la puedo seguir chupando? Fue la petición de aquella catalana radical que no estaba interesada en relaciones serias, noviazgos cortos o polvos largos. No, ella solo quería comer pollas y contra más rato mejor. Tras tomar una cerveza me llevo hasta el dúplex de su madre donde durante tres horas no dejo de chupar mi polla. Era increíble escuchar sus gemidos cada vez que introducía mi miembro en su boca, cada lametón era un pequeño orgasmo que hacía palpitar su coño con minúsculos terremotos. Después de correrme sobre su frente y flequillo, nos despedimos. Nunca intercambiamos teléfonos y jamás hablamos nuevamente.


Sitges, Garraf, Barcelona [Capitulo 3]


¿Conoces algún hotel por aquí? Llevábamos cuatro citas, se palpaba la tensión sexual y tras besarnos en oscuros callejones, ella puso la oferta sobre la mesa. La noche de aquel lunes laboral, termino en un motel barato donde invertimos el orden de las relaciones sexuales. Lo común suele ser tener un primer polvo salvaje y con el paso de los meses acabar teniendo sexo más basado en el cariño. Pero nosotros, arrancamos haciendo el amor y terminamos dos meses después con la muchacha introduciendo mi polla en su culo, mientras se pellizcaba el clítoris salvajemente. Todo hubiera sido perfecto si no fuera por las repetitivas rupturas, los celos y las nubes negras que sobrevolaban nuestras cabezas. Éramos perfectos cuando estábamos en posición horizontal, pero incompatibles tras mi derrame lechoso.


¡En mala hora le comenté que me marchaba de viaje!


¡En peor momento decidió apuntarse!


¡En que momento me quite la cazadora para tapar mi erección!


South Kensington, Londres [Capitulo 4]


Yo aun no sabía que ella estaba deseando acabar con nuestra relación, pero por motivos de agenda me quede unos días más vagando por Londres. Una de aquellas noches mientras pensaba que el amor me correspondía en Barcelona, apareció una camarera de tremenda melena azabache. Yo ahogaba la distancia en güisqui sentado en un pub de mala muerte, cuando descubrí que dicha camarera estaba hablando de los goles de un tal Messi. Armado del valor que otorga el alcohol, me acerque y sorpresivamente resulto que la camarera también era española. Llevada por el influjo de la luna, la muchacha decidió sentarse conmigo y pasar su pausa laboral charlando conmigo. Yo, que tenía el corazón en otro continente no preste la más mínima atención ante este gesto que pensé era común entre paisanos. Pero cuando la muchacha me comento que vivía cerca del local y me pregunto sin tapujos que planes tenía para la siguiente noche, saltaron todas las alarmas.


Finalmente, como buen tonto enamorado la cosa no paso de una furtiva paja pensando en dicha camarera al llegar al hotel. Pero siendo un novio como Dios manda, no acepte la oferta de visitar su piso de estudiantes. Efectivamente ahora que conozco el final de mi historia amorosa, me arrepiento soberanamente de no saber qué tipo de depilación intima calzaba la paisana. Los valores caballerosos no casan bien con las peticiones sexuales de las camareras jocosas, eso seguro.


Hospitalet, Barcelona [Epilogo]


Hace pocos minutos la dependienta del Corte Ingles me mandaba una foto desde la bañera, pero no puedo, juro por lo más sagrado que no puedo. La simple idea de un nuevo hotel, un par de horas de sexo guarro y la consabida charla por compromiso, me baja la más dura de las erecciones. La sobresaturación corre por mis venas y tras tantos años fantaseando con ser el protagonista de mi propia película porno, la experiencia no resulta ser tan gratificante como imagine de crio. En breves días la adicta de la gimnasia querrá una segunda cita y la muchacha de los veinte años, una tercera. Yo solo puedo pensar en marcharme lejos, muy lejos, allí donde no existan cobertura 4G para aplicaciones de ligue y mensajería instantánea. Posiblemente podría hablar todo esto con terapeuta, pero cuando quiero marcar su número recuerdo que en la última sesión me robo un beso saliendo de la consulta y suerte que otros clientes estaban esperando.  


¿Te correrás en mi cara?


¿Te correrás en mi cara?


¿Te correrás en mi cara?


Jodido Berth Milton, yo te maldigo…

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