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A concurso

Por nuestro aniversario

Caroline Tales

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Ayer fue nuestro aniversario y ha sido uno de los mejores.


Terminé de trabajar, me fui a casa y preparé una sorpresa para ella. Compré un ramo de flores, preparé unas copas de nuestro vino preferido y la esperé en la puerta de casa.
Al abrir la puerta, ella me encontró sonriendo y con una copa en cada mano.


- ¿Y esto a que se debe, cariño?-. Me dijo - Mi amor, es nuestro aniversario.


En nuestra relación soy yo el que se acuerda de estas fechas. Para estas cosas es un desastre pero para otras es la mejor.


Después de brindar, felicitarnos y fundirnos en un abrazo le dije que se pusiera su mejor vestido que nos íbamos a cenar.


Salió de la habitación con un vestido negro que daba forma a sus curvas, tacones interminables, pelo recogido y unos pendientes largos que hacían que su cuello luciera más largo.


Cogimos el ascensor, nos miramos a los ojos y ella sonriendo metió la mano en su bolso y sacó un pequeño manda a distancia. Este mando era de un juguete sexual que hacía unos meses nos habíamos comprado. Yo tengo el mando y ella lleva puesto el vibrador. En ese momento noté que empezaba a tener una erección y que la noche iba a ser muy divertida.


Llegamos al restaurante y el camarero nos acompañó a nuestra mesa. Pedimos una botella de vino y empezamos a ojear la carta para pedir nuestra cena. Mientras ella miraba lo que iba a pedir, con disimulo metí la mano en mi bolsillo y activé el mando. Ella dio un pequeño salto en su silla ya que no se lo esperaba y me miró con sonrisa pícara.


Después de unos minutos el camarero volvió para tomarnos nota. Cuando ella empezó a hablar con el camarero para que tomara nota del pedido volví a darle al mando y soltó un pequeño grito de placer. Acto seguido, se sonrojó por lo que acababa de pasar.


El camarero se fue y ella me miró. Yo estaba excitado por lo que había ocurrido y muerto de risa. Ella me dijo en voz baja:


- Pero como se te ocurre hacerme eso. ¡Qué tonto eres!-. Y me dio un golpe cariñoso en la mano.


Comenzamos a hablar de nuestro día de trabajo y seguimos recordando cómo nos habíamos conocido, nuestro primer beso, nuestra primera vez teniendo sexo y ahí fue donde la conversación empezó a subir de tono y ponerse muy caliente.


Estuvimos recordando aquella vez que tuvimos sexo en una fiesta. Con todo el mundo alrededor y nadie sabía realmente lo que estábamos haciendo. En ese momento de la charla noté como un pie empezaba subir por mi pierna hasta que


llegó a mi entrepierna. Allí empezó a masajearme suavemente y esto me estaba poniendo muy caliente. Entonces cogí de nuevo rápidamente el mando y activé el juguete en su programa más rápido. Ahora usaba los dos pies para masajearme cada vez más rápido. Ella estaba muy caliente, por como suspiraba, ponía los ojos en blanco y agarraba el mantel de la mesa con fuerza. Estaba a punto de llegar al orgasmo.


De repente, quitó los pies y paró. Me miró y desapareció rápidamente debajo de la mesa. No sabía dónde meterme. Solo notaba sus movimientos. No la veía y eso me excitaba muchísimo más. Desabrochó el cinturón, bajó la cremallera de mi pantalón y lo siguiente que noté fue su lengua caliente y húmeda saboreando mi glande.


No me podía creer lo que estaba ocurriendo. Continuaba, seguía metiéndose cada vez más profundo mi polla en su boca. La saboreaba, lentamente, jugando con su lengua. Seguía, cada vez más rápido y más rápido. Yo mientras intentaba no gritar de placer. Seguía, seguía y seguía hasta que al final no puede más y me corrí en su boca. Tuve que morder la servilleta para no gritar de placer.


Salió de debajo de la mesa como si nada. Yo estaba extasiado. No podía más. Fue muy intenso.


Tomé un trago largo a la copa de vino. Me levanté, me acerqué a ella, la besé en el cuello y le dije al oído:


- Te espero, ya, en el cuarto de baño.


Se sorprendió mucho porque no se esperaba que fuera capaz de hacerlo otra vez en tan poco tiempo.


Bajé las escaletas hacia los baños y me escondí detrás de una puerta. Escuchaba sus tacones bajar por las escaleras. Cuando entró en el cuarto de baño de hombres me comenzó a llamar:


- Cariño, ¿donde estas?


En ese momento la agarré por detrás y la llevé a dentro de una de las cabinas. Pasé un brazo por debajo del suyo y le agarre la cabeza por debajo de la barbilla. Con la otra mano le empecé a subir el vestido, buscaba quitarle el tanga que pensaba que llevaba puesto pero para mi sorpresa no llevaba nada. Empecé a frotarme contra ella para que notara que seguía muy cachondo y excitado. Ella gimió al notarme. Me dijo:


- Espera que me quito el juguete.


Le dije que no, que se lo dejara puesto.


Activé el juguete y mientras este vibraba pasé la mano hacia adelante y empecé a jugar con su clítoris. Le puse la otra mano sobre la espalda y la empujé suavemente para que se inclinara poco a poco hacia adelante. Agarre mi polla y comencé a pasarla poco a poco por su culo. Le acercaba el glande y empujaba muy


suavemente para que se fuera dilatando. Cada vez se iba dilatando más y más hasta que al final conseguí introducirme por completo. Al llegar al final, ella gritó y no de dolor si no de placer. Empezó a moverse.


- ¿Te gusta, cariño?
- ¡Oh oh, sí, sí, me encanta, no pares, mi amor! -. Me decía


Con el juguete a máxima potencia sentía como ella estaba muy húmeda y seguía moviéndose. Ella seguía gritando hasta que llegó al orgasmo con un grito de placer que jamás le había oído. Justo después llegue yo. Exhaustos, sudorosos y cansados, ella se levantó, me besó y me dijo:


- Feliz aniversario, mi amor.


No sé si el año que viene será igual pero este aniversario lo recordaremos para siempre.

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