Gabriela

Cecilia Estévez

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GABRIELA
Un relato erótico de Cecilia Estévez
Para escribir mi relato empecé a dar vueltas por el universo de mi mente y se entremezclaban tantas imágenes y sensaciones; que no vi un principio, ni una trama ni un final definidos.
Entonces pensé en recurrir a la literatura. Muchas veces leyendo he sido alentada a comenzar a escribir. Pero buscando entre mis libros de noche tampoco me decidí si releer al Marqués de Sade o Megan Maxwell.
Viendo que el tiempo se esfumaba y que como dicen, es oro, decidí buscar en el enorme mundo del porno online.
Pensé en buscar algo muy concreto. Entré en la web habitual y en portada me encontré un vídeo de lo más bizarro. Tenía por título “El coño más gordo del mundo”
- ¿Habrá records Guinness al respecto? – pensé.
Mi curiosidad no me permitió desplazar la pantalla del móvil y pasarlo de largo. Mi dedo hizo “click”. Realmente era un coño digno de las exposiciones de los antiguos circos de rarezas. Era como un melón abierto por la mitad. Jugoso y con mucha carne.
Como suele ocurrir en estas webs, cuando ves un vídeo te sugieren otros de temática similar. Entonces descubrí el mundo de los coños gordos. Yo no sé si es algo más frecuente de lo que pensamos, o de lo que yo pienso...
- ¿De repente soy una inocente?
El caso es que había decenas de coños gruesos siendo acariciados y follados con mucho deseo.
Como nunca te acostarás sin saber una cosa más, yo esa noche descubrí unas cuantas, ya que a mi siempre me ha gustado ser una adelantada.
De los coños más grandes pasé a las vaginas más grandes. Véase la diferencia. Coño parte exterior, vagina, el orificio. Esa es la diferenciación que pornopedia proporciona a su séquito de consultantes.
En las vaginas gigantes lo mismo entraban pollas, que botellas de agua, pies o la cabeza del propio consorte. La escena de la chica en cuestión masturbando su clítoris con la cabeza del susodicho en su vagina era cuanto menos curiosa.
Con estas vistas no sabía si me estaba inspirando o me estaba documentando para hacer una tesis sobre la sexualidad humana y sus rarezas, pero empecé a notar que mis labios se movían y que no estaban precisamente secos.
Reflexioné unos segundos sobre qué parte de todo lo que había visto me había excitado tanto y no hallé respuesta, así que decidí por el momento, reprimir mis deseos de deslizar mi manos entre mis piernas y seguí con mi página web.
La siguiente sugerencia fueron chicos con dos pollas. Buenos, a estas alturas de la vida ya no me sorprende nada...
En un primer vídeo ya las pollas estaban erectas y duras. Una era un poco más larga que la otra. Una chica de piel morena las chupaba animadamente, pasando de una a otra su lengua, apretando las dos juntas entre sus manos y...
- Un momento! ¿No será que alguna de ellas es falsa?
Cambié de vídeo... para seguir la investigación... Descubrí otros vídeos en los que más hombres tenían dos penes y se veía claramente como estaban ahí en reposo y con la excitación iban creciendo y poniéndose duras al unísono.
- Eureka! Encontrar a un chico así sería genial para cumplir mis deseos de doble penetración sin la incomodidad habitual de los chicos de “yo me pongo aquí, tu no me roces a mí...” y demás gilipolleces.
La nuevas sugerencia bajó mi libido. Después de tíos con dos pollas que podría ser, un tío con seis pollas. Si señoras. Claramente, en este caso, todas eran dildos de silicona adheridos al cuerpo del hombre alrededor de su pene. No me ponen las pollas de plástico y menos si parecen las ubres de una vaca.
Así que decidí zanjar la investigación por esa noche y cerrar los ojos para hablarle a mi vagina y a Gabriela.
Gabriela se abalanzó sobre mi de forma salvaje. Comenzó a besarme por toda la cara metiendo su lengua en mi boca de vez en cuando. Yo la tenía semiabierta porque la excitación del momento me provocaba unos leves gemidos.
No pude aguantar y la cogí por la nuca para acercar su cabeza hacia mi. Las dos empezamos a besarnos como si no hubiese próxima vez. Nuestros labios se acariciaban recíprocamente y nuestras lenguas hacían filigranas. Ella estaba encima de mi de rodillas, yo tumbada con las piernas abiertas la sujetaba entre las mías.
Los minutos de esta manera fueron muchos. Besos, caricias y roces. Entonces decidió olvidarse de ella y bajar a mi entrepierna. Sacó su lengua y comenzó un baile con mi coño como pareja. Lo besaba, lo lamía, lo absorbía como un chupachups.
El placer era tan intenso que era difícil soportar esa postura. La tumbé en la cama y me puse de cuclillas sobre su cara. Podría continuar el baile entre su lengua y mi coño pero yo lo dirigiría. De esta manera comencé a mover mi pelvis adelante y atrás mientras Gabriela extendía su lengua hacia mis labios menores introduciéndola de vez en cuando.
Mi balanceo iba en aumento. Su boca se iba llenando de mis líquidos vaginales. Su lengua estaba blanca. Pero seguía, ella también. A Gabriela le ponía cachonda verme disfrutar.
Añadió entonces un dedo en mi culo y una explosión se derramó en su cara.
- “Querida Gabriela, ven aquí”.
La senté delante de mi. La abracé con una mano acariciando su pecho y la otra mano abrió sus piernas.
Gabriela comenzó a jadear solo sintiendo mi aliento en su nuca pero lo hizo mucho más cuando deslice mis dedos entre sus piernas y empecé a masturbarle el clítoris. Jadeos cada vez más fuertes, cada vez más rápidos, yo sabía que estaba a punto de correrse.
Pero dio un brinco y volvió a tomar la iniciativa. Me invitó a tumbarme en la cama, levantó mis piernas y acercó su coño húmedo al mío todavía mojado de mi corrida. Se frotó fuertemente, adelante y hacia atrás. Cada vez más caliente, cada vez más mojado. Dejó de moverse y noté las palpitaciones de su coño sobre el mío.
Que pena que Gabriela me visite solo en sueños.
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