Pasión en el bosque

Pedro Pozas

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Eran las diez. Me asomé a la ventana como todas las mañanas y descubrí un sol hermoso que te animaba a pasear por el campo, vagar por el bosque que tanto me gustaba y disfrutar del aroma de las flores y plantas, seres vivientes que desprendían aromas de mil olores y que vivían en un mundo aparte, donde el tiempo se detenía. 


Me gustaba andar, disfrutar de los colores de la vida. Tal vez ello pueda ser un síntoma de debilidad, de sentimentalismo, de ilusión transformada en miles de mariposas y cada una de ellas llevando los suspiros de mi corazón. Pero yo soy así, delicado, tímido, aventurero en la soledad y sobre todo apasionado.


Desde hace años tenía sueños eróticos que me hacían estremecer y que sin embargo siempre estaban en mi cabeza a veces perdida de erotismo y ciega por ese orgasmo que nos hace gritar y relajar todos nuestros sentidos. Yo soy hetero, pero a veces cuando hago el amor con mi mujer, cierro los ojos cuando me besa el pene y me acaricia los testículos mientras que con la otra mano me mete un dedo por el ano e imagino que estoy siendo penetrado por un chico que está con nosotros disfrutando del placer. No sé si alguna vez los hetereros han sentido en alguna ocasión esa necesidad de probar lo prohibido, de sentir las manos y los besos de un miembro de su mismo sexo, de sentir las embestidas de la pasión y saber que se siente al entrar en tu cuerpo un elemento extraño mientras te das cuenta que sirves para excitar.


Me gusta ponerme tangas. No se, cuando vas andando sentir esa telilla que roza tu ano, sentirte sexi por dentro, romper un poco con la imagen del tío con bóxer, me pone y eso me gusta. Hoy me puse el tenga azul celeste.


Salí de casa como siempre que iba hacia el bosque, acompañado de mi máquina fotográfica y esta vez llevaba unos libros para descambiarlos en la biblioteca del bosque, una casita de madera, como un buzón grande que se encuentra junto a un banco, donde quien lo desee puede coger un libro gratis y poner otro para fomentar la cultura y ser un homenaje a todos los senderistas y amantes de la naturaleza.


Nada más entrar en el encinar, saludaba siempre a un árbol en el camino donde en dos nudos paralelos le dibujé unos ojos y cuando lo miras te da la impresión que es el guardián del camino. A partir de ahí, ya siento la atracción a lo natural, el mundo de la ciudad se aleja y me reencuentro con el hada del bosque que me acompaña en mis pasos por su reino.


Al llegar a la biblioteca del bosque, me senté en la traviesa a revisar los libros que había en su interior para ver si me gustaba alguno. Siempre es una ilusión hacerlo porque a veces te sorprendes con una obra interesante. Mientras estaba ojeando, un chico joven de unos 25 años se acercó a donde me encontraba. Era extraño ya que normalmente no encontraba a nadie.


- Hola parece que has venido hacer lo que yo. Traigo un libro para dejarlo y ver si hay otro que me interese para llevarme.


-Igual que yo –le dije.


Le miré a sus ojos y eran azules con una mirada profunda y bella, unos labios bonitos y unas manos delicadas. Me excité, no sé muy bien por qué, pero sentí cosquilleo en mi entrepierna y aquello comenzó a aumentar de volumen. Nunca me había pasado, excepto en mis sueños eróticos. Pero ahora mi corazón se aceleraba. El me miró sonriendo mientras miraba los títulos y una mano suya se posó en mi rodilla. Al principio me molestó. Yo no soy ningún buscador de aventuras pasionales y que un extraño osara tocarme, cuanto menos me sorprendió. Pero a los pocos segundos me gustó y esa mano comenzó a deslizarse suavemente hacia arriba. No sabía qué hacer…nunca un hombre me había tocado, no sabía comportarme ante esta situación que cada vez se iba haciendo más grata. Mi deseo es que siguiera. Y lo hizo. Abrí las piernas y él llegó con suavidad por encima el pantalón a mi pene erecto. Cerré los ojos de placer y en ese momento sentí sus labios en los míos mientras que con la otra mano me abrazaba y me levantaba la camisa.


Estaba descubriendo el mundo prohibido, la pasión de lo exótico. Mi corazón se aceleraba. Me hizo ponerme de pié y lentamente me desabrochó el pantalón y me lo bajo. Sentí el aire del bosque. Sus manos ahora acariciaban mis glúteos que con mi tanga resaltaban en el verdor de la naturaleza.


- Me gustan los hombres sexis con tanga………….


Y sin más sus labios comenzaron a pasearse por mi pene y testículos que por momentos parecían estallar de placer. El liberó de mi tanga el miembro y sentí por primera vez la felación más excitada que jamás había experimentado mientras que con sus manos me apretaba los glúteos y un dedo suyo se introducía en mi ano. No puedo explicar lo que sentí. Parecía como el universo cayera sobre mí. Me excitaba aún más, que mi cuerpo fuera deseado, amado y me entregué ciegamente. El tiempo se había parado, quería pararlo y que lo que estaba sintiendo fuera eterno.


Suavemente me dio la vuelta y sus labios se hundieron en medio de mis glúteos y sentí que su lengua me chupaba y se introducía en mi ano mientras que sus manos delicadamente me acariciaban los testículos y me masturbaba lentamente. Quería morirme de placer, mi sueño erótico se estaba cumpliendo. Quería que ese momento no parara nunca. Sin remedio eyaculé violentamente y mi semen cayó a la tierra con ansia de fecundarla. Miles sensaciones explotaron por mis poros mientras que su lengua seguía lubricando la cueva secreta de mi intimidad. Dándome la vuelta me limpió con su boca las últimas gotas del líquido blanquecino caliente.


- Te ha gustado…..


- Mucho…mucho…soy tuyo – no podía creer lo que estaba diciendo, pero me salía del alma, de mi corazón y había tenido el orgasmo más grande de mi vida.


- Ahora me toca a mí….


- Sí, quiero sentirte dentro, fóllame….fóllame….-susurré casi con los ojos cerrados y teniendo debilidad en mis piernas por la fuerte sensación de placer que había experimentado hacía unos minutos.


Se bajo el pantalón….llevaba también una tanga o una braguita. Estaba muy excitado y eso me gustó. Le bese su pene…un sabor amargo pero envuelto en un sabor delicioso. Mis manos recorrían sus glúteos, sus testículos tensos…me gustaba que yo fuera el causante de su erección, de su ansia por penetrarme…me dio la vuelta y una vez más me beso mi ano lubricándolo con saliva apartando el hilillo de mi tanga y sentí como comenzaba a entrar en mi cueva prohibida su pene. En un principio experimenté una sensación molesta, pero pronto la lujuria se apoderó de mí. Sus manos tomaron con firmeza mis caderas, suspiraba de deseo y eso me hizo que de nuevo yo también tuviera una erección. Abrí más mi ano relajándolo para que entrara su pene y llegó hasta adentro. Después poco a poco comenzó las embestidas, primero lentamente y después más aceleradas. Sentía sus testículos en cada empuje y se escapaba de mis labios nuevos gritos de placer que se confundían con mi amigo el bosque que arropaba mi sueño.


Al cabo de diez minutos de intenso placer y de sentirme como un puto alocado y lascivo, sentí dentro de mí un líquido caliente acompañado de sus gritos de placer, mientras me mantenía con sus manos fuertemente cogiendo mis caderas. Sin aún sacar su pene dentro de mí, me abrazó y me besó en los labios hundiendo su lengua en la húmeda abertura de mi boca.


Lentamente se desprendió de mí. Su pene salió de mi ano junto con semen. Espere unos segundos y me incorporé. Mis manos cogieron su cadera y mi boca chupó con ansia su miembro viril limpiándolo y saboreando el amor prohibido.


Después nos sentamos.


- Ha sido fantástico. Muchas gracias por haberme hecho sentir tanto placer. La verdad es que siempre lo he soñado..era como que alguna vez tendría que probar la sensación de ser follado por un chico como tú…ha sido una experiencia maravillosa.


- Solo ha sido el comienzo si tú quieres – me dijo con suave voz y con una sonrisa pícara- te doy mi dirección y cuando quieras, puedes seguir disfrutando de tu sueño.


Volví la mirada a la biblioteca del bosque que había dejado con las puertas abiertas, las cerré y cuando de nuevo miré para encontrarme con la belleza que me había dado tanto goce, ya no se encontraba. Seguía en tanga, con los pantalones bajados. No había sido un sueño. Tenía mi tanga mojado por delante y por detrás de semen. Me limpié con un clínex y me subí los pantalones. Busque de nuevo entre los libros alguno para llevarme que fuera interesante. Encontré uno que se titulaba “Donde aúllan las colinas”. La portada era un lobo en la nieve junto a un casco romano caído.


Miré a todos lados y no vi a nadie. ¿Lo había soñado? No. La sensación de vacío en mi escroto, el semen por delante y por detrás. Eran vestigios suficientes para saber que no estaba loco. Que allí había vivido la experiencia sexual más grande de mi vida. La magia del bosque nos había protegido con un manto invisible para hacer el amor. Sus hadas, el árbol vigilante del camino, las encinas centenarias habían sido testigos y como observadores de tan hermoso acto, los pájaros posados en las ramas disfrutaron en primera línea de la pasión de dos seres ardientes y amantes de la razón.


Con el libro bajo el brazo y sintiendo un tenue escozor en mi ano, emprendí camino de casa bajando por la ladera sembrada de encinas que han dejado caer sus frutos marchitos al suelo y que de ellos saldrá una nueva vida.


Que gracia, pensé. ¿Y si mi semen que ha caído a la tierra surgiera una nueva vida? ¿Qué clase de vida? ¿Y si las raíces del árbol cercano donde cayó mi semen han absorbido el líquido blanco? ¿Habría fecundado con un árbol y nacería un humanarbol? Sonreí…..el hilillo de mi tanga me hizo rememorar nuevamente lo que había experimentado. Ya no sabía si el encuentro fue real o ficticio, si el sueño había sido sólo eso, un sueño o por el contrario me había follado el espíritu del bosque.


Al poco entré en la civilización. El asfalto, el ruido de vehículos rodando por el asfalto. Llegué a casa y me quité el tanga manchado. Me duché y entré en mi despacho a comenzar a leer el libro que había cogido de la biblioteca del bosque. Estaba algo cansado, pero era amante de la lectura. Abrí el libro y en ese momento me quedé helado por la sorpresa. Mi corazón comenzó a latir muy deprisa….no había sido un sueño, todo fue real. En la primera página del libro había un papel con una dirección y lo firmaba “Pasión en el Bosque”.


Pasaron varios días nerviosos, pensando en esa dirección que estaba cerca de casa. Una tarde me ceñí un tanga de color rojo de mi mujer bajo mi pantalón y tembloroso me dirigí al portal indicado en la nota. No sabía qué hacer, pero al fin recordando el placer tan intenso que tuve en el bosque mientras me desvirgaba, llamé al timbre. Nadie contestó. Era un chalet adosado. Me di la vuelta. Ya volvería en otra ocasión y en ese momento escuché el ruido que producía la puerta al ser abierta automáticamente. Sin pensarlo entré y allí en la puerta, estaba con una bata el ángel que me enseñó el sexo prohibido. Me sonrió….


- Hola cielo, has tardado mucho en venir…te esperaba….- me dijo con voz suave y sugerente-


- Hola….-fue lo único que supe decir en ese momento al ver de nuevo su cuerpo pues se había desabrochado la bata y se la dejó caer, luciendo una ropa interior femenina excitante de color blanco.


Cuando llegue a su altura me abrazó y yo palpe una vez más sus glúteos y sentí su pene erecto. Entre en su casa y sus manos recorrieron mi cuerpo, me desnudó y nuevamente la pasión del bosque me envolvió para soñar el don prohibido.


Ahora ya no necesito imaginar mientras que hago el amor con mi mujer, porque una vez que le conté a ella mis experiencias y deseos, comparte conmigo el amor fogoso que descubrí en el encinar y ella goza también con su sueño de ser poseída por dos hombres y que su compañero sea penetrado excitadamente por otro de su mismo sexo. El círculo se cerró y el amor triunfó teñido en el universo de la pasión.

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